28 marzo 2008

Bitácora brasiliana (II)

Pasó la locura. Los días que estuve sin escribir fueron días de intenso trabajo, (pasé como 36 horas sin comer) y sn dormir... lleno de preparativos para la visita de Chávez a la ciudad de Recife, aquí en Pernambuco; Sao Luis de Maranhao, y luego Belem do Pará. A estas alturas del partido, supongo que la mayoría de ustedes vio en TV o leyó en un periódico lo sucedido en la visita al terraplén donde estará la refinería Abreu e Lima, y el astitillero Atlántico Sul. Ver a Lula también fue emocionante y muy especialmente cuándo le dijo a Chávez: “conte com o Brasil” (cuente con Brasil).Chávez y Lula en declaración conjunta

Supongo que mañana haré muchas fotos, las de la verdadera ciudad, la cotidiana, que mientras estuvo el presidente acá no pude retratar a mi paso por ella, porque no podía pasar mi cámara por el protocolo; estoy acreditado como analista y no como fotógrafo.


Como de Chávez ya tienen bastante, sigo con lo mío. Me hospedo en un hotel llamado Three Towers, frente al Atlántico, mar completamente abierto, con presencia ocasional de pequeños tiburones, lo que en Venezuela llamamos cazones.
La zona de la ciudad en que me encuentro se llama Joabatao de Guararape, y es abundante en edificios residenciales, hoteles, y consultorios médicos privados. También hay negocios de comida al estilo “menú ejecutivo”, que seguramente están destinados a los trabajadores de la zona.

La gente es muy simpática (claro, es zona turística) y el primer día conocí a un cantor popular en la playa, que usa una guitarra con 5 cuerdas metálicas nada más, para acompañar cuartetas y décimas en un ritmo sencillo pero convincente. Creo que es una de las cosas más auténticamente populares que he visto y escuchado hasta ahora. Ah, y un cartel muy interesante en el que Yemayá (Iemanjá) le hace la guerra a la aplastante presencia de varias iglesias cristianas.

Hasta ahora no conozco mucho de la ciudad: los alrededores del hotel, el Palacio de Gobierno de Pernambuco (con un lindo nombre: Palacio del Campo de las Princesas), y también un hermoso vitral que pude captar con el teléfono.

La ciudad es plana, parecida a Maracaibo en ese sentido. Está cruzada por dos ríos y varios canales. El mayor de ellos y el único que he visto hasta ahora, el Capibaribe, sirve de excusa para una bella cadena de puentes hermosamente decorados, y sirve de telón de fondo al palacio. Genera un estuario enorme, de muy poca profundidad debido a la gran cantidad de sedimento que se acumula en la zona salobre; es tan llana esa parte, que a veces los pescadores parecen caminar sobre el agua. A ver si logro hacer esa foto.


Lamentablemente el Capibaribe es de una lentitud asombrosa porque, claro, Brasil no cuenta con grandes alturas (en cambio en Venezuela hay ríos briosos, con gran declive), así que el agua parece estancarse. Contaminado hasta el límite, el río despide un olor desagradable y es de un color verde aceitunado. La cantidad de sedimentos que arrastra es enorme.

Como no me aguanto cuando estoy acá, he hecho algunas fotos de Recife nocturno, desde el balcón del cuarto. Estoy en un piso 12 y eso ayuda mucho. Les dejo el material gráfico para que disfruten.

24 marzo 2008

Bitácora Brasiliana (I)

Mi segunda visita a Brasil, esta vez en serio (aquella vez fue un toque tangente), incluyó un breve paso por Manaus, ciudad del caucho, de donde salía casi toda la goma que se usaba antiguamente para hacer cualquier goma, y que hoy es materia prima de la floreciente industria del preservativo. Manaus es una especie de isla civilizada en medio de la jungla interminable, y no tuve oportunidad siquiera de oler la humedad de su aire selvático, tropical y amazónico. Gozamos, sin embargo, de un aterrizaje suave, casi imperceptible.

Vista aérea de Manaus

El avión volvió a llenarse; ahora con pasajeros que viajaban a Sao Paulo, megapolis de 24 millones de habitantes y dueña del aeropuerto de Guarulhas; tan grande o mayor que el de Tocumen, en Panamá, y verdadera encrucijada de rutas internas de Brasil, y al exterior. En Guarulhas sí tuve contacto con los brasileños, con la lengua (parece que voy con buena nota), y me tomé -anotación: hecho histórico- mi primera cerveza en Brasil.

Los compañeros de comitiva, cambiando dólares por reais

El vuelo se Sao Paulo a Recife fue un poco más corto y cómodo, tanto que me dormí la mayor parte del viaje. El aterrizaje en la capital pernambucana fue bueno, aunque el avión frenó con mucha violencia; seguramente la pista de aterrizaje es más corta.

Arte en el aeropuerto de Recife

Recife está frente al Atlántico, más cerca de África que de Caracas, en el extremo oriental de América. La diferencia horaria respecto de Venezuela es de hora y media; mientras escribo esto son las 5 de la tarde en Recife, y en Caracas son las 3:30. Ahora los dejo porque voy a trabajar un poquito, y buscar una conexión a Internet...
 
Eduardo Parra Istúriz | Diseñado por Techtrends | © 2007-2008 Derechos reservados