17 septiembre 2008

Eso es lo que es eso...

Ver cualquier noticiero de television en Venezuela, oficialista o escuálido, nocturno o mañanero, da lo mismo. Llenos de imprecisiones, de expresiones absurdas como "el treinta y cinco aniversario" que malamente sustituye a "el trigésimo quinto aniversario", o cosas como "el contador público Fulano de Tal se pronunció acerca de", siendo que los pronunciamientos son alzamientos militares o planteamientos jurídicos.

Pero lo que, a mi entender, le pone la tapa al frasco, es la archiutilizada frase "lo que es". El cuadro es fácil de describir: un periodista ofrece un avance informativo desde el Paseo Los Próceres. Aparece el primer plano del fablistán e inmediatamente dice:

"Buenas tardes, queridos televidentes, estamos en lo que es el Paseo los Próceres, informando acerca de la actividad militar dirigida por lo que es el Alto Mando Militar, que hoy se ha reunido para celebrar lo que es tan magna fecha como es la celebración de la Independencia".

Suprima las letrasen rojo y lea de nuevo la frase... queda inalterada.

Cualquiera diría que el pobre "profesional" es imbécil; pero resulta que no. Se trata de un profesional del periodismo; según dicen los pensum de las universidades venezolanas, una persona capaz de informar efectivamente, un especalista en el lenguaje, con conocimientos de semiótica, etc...

¿Cómo sobreviven? se trata de una enorme cantidad de periodistas que cometen cada día el mismo error, sin que algún jefe, consejero, amigo o maquilador le sople al oído un buen consejo. ¡Coño! ¡es que los jefes son igual de malandros que ellos! ¿Cómo se explica que un texto escrito, leído, revisado y metido en un teleprompter diga estupideces tales? Sencillamente que no hay nadie que se encargue de corregir el error, porque nadie lo nota. O casi nadie.



04 septiembre 2008

Sin talismán

En la tremenda obra fílmica de Eliseo Zubiela "El lado oscuro del corazón", Oliverio, el protagonista, le dice a la muerte, que lo perseguía incesante:
"A veces una herida te recuerda que estás vivo. Es ésto el amor, mi estúpida muerte, es ésto. ¿Cómo explicartelo? Pobrecita. Si entendieras esto, estarías viva."



Hoy me salvé -otra vez- de la muerte. Ella se trae un tejemaneje conmigo y busca asustarme, hacerme sentir que anda allí, que me ronda, que me conoce los paso, como un espía. Habíamos planiicado ir a la playa desde la semana pasada. Se suponía que iríamos el lunes pero se complicó el día, hubo apagón, lluvia y menos mal que no fuimos a ninguna parte. Ese día ocurrió esto:



que es una forma de muerte, y que es muuuy común para quienes tenemos Windows. Sólo que yo también tengo, en el otro sector del disco, Ubuntu, de modo que siempre tengo un plan "B" y aquí me tienen escribiendo desde mi PC.

Pero era de la otra muerte de la que quería hablarles. Habiendo suspendido el viaje el lunes, este miércoles lucía bueno para que Camurí nos recibiera. Siempre bajamos en los autobuses que salen de Gato Negro, pero ahora como estamos tan cerca del Nuevo Circo, nos quedamos en el terminal y bajamos en una de las catraminas que salen de allí.

Al viaducto nuevo, no había tenido oportunidad de verlo de cerquita; caminar por él mucho menos. Cuando entramos al viaducto, adelantamos una gandola, y apenas entramos nuevamente a nuestro canal, se produce un ruido infernal que proviene de alguna parte del mecanismo del autobús. Terroríficamente, el vehículo se dirigió hacia el borde del puente, y la caída en ese lugar era como de 30 metros. Martha y yo, muy asustados, nos paramos y tratamos de hacer peso hacia la izquierda (como siempre jeje) para que el transporte no volcara, cayendo al vacío.

En menos de 10 segundos ya el animal se había detenido y nosotros estábamos con vida. El problema no era de dirección, sino que el cardán se había caído, lo que producía el ruido, y como el conductor ya sabía lo que sucedía (le había pasado antes, y el desgraciado aún anda con el autobús), se había orillado al hombrillo, mientras frenaba; o sea, el carro no iba descontroladamente al borde, como los otros 54 ocupantes creíamos.

Nos montamos en el primer bus que bajaba y pasamos una tarde divina, con pescado frito, tostones, cerveza y agua salada. Estamos vivos.
 
Eduardo Parra Istúriz | Diseñado por Techtrends | © 2007-2008 Derechos reservados