31 agosto 2009

Bitácora Equatorialis 0º, 0', 0" - Parte II

Cómo se nota que ya no dispongo del mismo tiempo que antes. Miren a qué alturas del partido vuelvo a escribir... pero seguimos:


Monumento en la Ciudad Mitad del Mundo

Uno de los días más interesantes en tierra ecuatoriana fue el miércoles 5, cuando visitamos tres parques importantes en Quito. La ruta se la sabía de memoria el "Feli", así que nos sirvió de guía (como casi todo el viaje), y nos fuimos en bus.
Es muy llamativo para un venezolano, acostumbrado al desastre de las líneas de bus urbanas, ver cómo el transporte público en Quito es muy limpio y organizado. Todos los buses que vimos están en óptimas condiciones. Pero al igual que en las rutas caraqueñas, hay vendedores ambulantes. Fue allí que me comí las primeras "habitas fritas".

Vendedor ambulanteb de habitas en el autobús

Las habitas se hacen con un grano parecido a las caraotas blancas, pero mayor, que es rebanado o simplemente se separan sus dos cotiledones, y luego se fríen y salan. Señores, no se pierdan de comer habitas cuando se acerquen a la latitud cero.

Primero, estuvimos en un parque temático llamado "Ciudad Mitad del Mundo". Se trata, claro, de un edificio - monumento rematado por una enorme esfera que representa al mundo. El mundo se apoya justo sobre la linea ecuatorial, y ésta se prolonga unos cientos de metros, dejando dividido al planeta en Norte y Sur. Por dentro, el monumento es un museo que contiene gran cantidad de información acerca de la cultura y el potencial turístico del país. En la parte alta está instalado un mirador desde el que se puede
Según me han explicado Felipe y Vanesa, esa no es la verdadera línea ecuatorial, pero la de verdad verdad, no está muy lejos, así que esta vale ;-)


Las fotos hablan más que uno acerca de lo mágico que es este lugar. Así que les dejo algunas...

El mundo partido en dos mitades visto desde lo alto del monumento


Martha con una mitad del cuerpo en cada hemisferio
Yo en la misma onda...


Y Paula, imitándonos...

Muy cerca de allí se encuentra el volcán Pululahua, que es, según los guías, el que tiene el mayor cráter en todo el mundo: 12 km de diámetro. Efectivamente, es harto difícil encontrar el volcán, puesto que, como la circunferencia es tan grande y su caldera no ha hecho erupción en 2500 años, desde el borde parece un valle salpicado de pequeñas montañas y con escasas viviendas en su seno.
Vista de una parte del volcán Pululahua. El borde del cráter son las montañas del fondo.
La colina que se aprecia a la izquierda está adentro de la caldera.

Tras la visita al Pululahua, había que cargar baterías, así que regresamos a Ciudad Mitad del Mundo, en donde disfrutamos de un riquísimo chocolate y seguimos disfrutando con el paisaje y la fotografía.
Martha ecuatorianísima...

Junto a la entrada del parque me llamó la atención una estatua pedestre que nos daba la espalda, así que me acerqué a ver de quién se trataba. Las fotos lo explican mejor que yo.




Sin comentarios. Voy a dejarlo hasta acá, aunque el día 5 aún no termina... en la tarde estuvimos muy, muy alto.

10 agosto 2009

Bitácora Equatorialis 0º, 0', 0" - Parte I

Tardíamente sale esta primera parte de una cŕonica que les debo... o que me debo. Allí vamos.


Quito lindo de mi vida yo te canto con amor

Entre el 4 y el 9 de agosto de 2009, viajé a un punto muy particular del planeta. La línea ecuatorial recibió toda mi curiosidad y mis ganas de reunirme con alguien a quien quiero mucho desde hace años, y a quien no había podido ver en persona: Vanesa Vergara, la misma quiteña de Cheqa y Munaq.


La razón para hacer este viaje fue, aparte de las posibilidades económicas abiertas, el apoyo que Radio Fe y Alegría ofreció a este servidor y a Martha González, como conductores de Café Atlántico, para cubrir el concierto del cantautor cubano Silvio Rodríguez, el 7 de agosto en Guayaquil. Este concierto se enmarcó en los actos del Bicentenario del primer Grito de Independencia en Suramérica, que tuvo lugar en Quito el 10 de agosto de 1809. Por esta razón se le llama "La Luz de América".

Es así como Martha desde el 31 de julio, y yo desde el 4 de agosto, nos embarcamos en la aventura de conocer una nueva ciudad, un nuevo país, con sólo 500 dólares en el bolsillo. Los trámites de CADIVI son terriblemente molestos, y no quiero quedarme en eso, sino en lo bonito que estuvo nuestro viaje. Comencemos por Quito, que fue nuestro primer destino.


Martes 4



Llegué al Aeropuerto Internacional "Antonio José de Sucre", en Quito, a las 7 de la tarde, más o menos. La ciudad está altísima y a pesar de ser "verano" hacía poco más de 15 grados C. en el momento en que llegué. Ya había tomado mis precauciones y no me faltó una chaqueta negra en todo el viaje.

Lo primero que hice fue instalarme en la enorme y hermosa casa de Vanesa; sus padres, Marco y Rosa; y su hijo Felipe (todo un caballerito). En casa cuentan con una acogedora habitación de huéspedes en la que sólo sentí frío el viernes, que nos levantamos a las 5 de la mañana, pero eso lo cuento en otra entrega del relato.

Aquí con Felipe (hijo de Vane) y con el Sr. Marco, a quien agradecemos su enorme hospitalidad. Allí estábamos en el comedor de la casa evaluando distancias y rutas de Quito a Guayaquil. Planificábamos alquilar un vehículo.

El evento que nos ocupaba sería el día 7, de modo que no había apuros. Esa misma noche , una vez que Vanesa llegó del trabajo, salimos con ella y Felipe hasta la Plaza Fosh para encontrarnos con Rafdil, Aufry, Gabriel y Paula, amigos y troperos venezolanos que viajaron también con el objetivo de ver a Silvio. La idea era compartir un poco, y a probar algún licorcillo local. Venden allí un "calentaíto" acanelado, que mezclan con frutas y que a mí no me gustó mucho. Me quedo con mi cocuy de penca...

Comimos una rica "tablita" de cerdo, que no es otra cosa que una selección de carne de cerdo acompañada con piezas de charcutería, ensalada, papas y pollo, a la parrilla, todo sobre una tabla de carnes tamaño doble. ¡Delicioso!.

En la Fosh. De izquierda a derecha: Martha, Gabriel, Rafdil, Paula (con chupón), Aufry, Vanesa y Felipe.
Lindo grupo
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En la Plaza Fosh hay calentadores: unos postes de aproximadamente de 2 metros de alto que tienen en la parte alta un mechero protegido con una malla. Es como una fogata controlada y mantiene caliente sus alrededores. La temperatura del Quito nocturno está muy por debajo de lo que se acostumbra en Caracas. Sin embargo y por probarme a mí mismo, me senté en el extremo opuesto al calentador, con algún escalofrío. Nada, la adaptación debía ser rápida.

Tras compartir con Rafdil y familia, nos retiramos de nuevo a casa de Vanesa, a descansar porque el día siguiente sería movidito. Eso, en la siguiente entrega.




 
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