26 abril 2007

Gernika, a 70 años del brutal bombardeo

Hermanará su lamento con otras ciudades como Hiroshima, Varsovia y Auschwitz

ARMANDO G. TEJEDA CORRESPONSAL

Así vio Picasso la masacre

Madrid, 25 de abril.
El 26 de abril de 1937, en un lunes de mercado en el que la plaza pública estaba absorta en el intercambio de enseres, la ciudad vasca de Gernika sufrió brutal bombardeo. La Legión Cóndor alemana, apoyada por la aviación italiana, arremetió contra la comarca vasca por orden del entonces general sublevado contra la Segunda República española, Francisco Franco. El saldo: más de 250 muertos, si bien hay fuentes que hablan de más de mil 250.
Hoy, a 70 años de lo que se considera el primer bombardeo contra una población civil indefensa, Gernika se ha convertido en un símbolo de paz, que se solidariza con las "Gernikas de nuestro tiempo", como Fallujah o Bagdad.
Para el 70 aniversario del bombardeo, la ciudad ha decidido congregar a representantes de ciudades como Hiroshima -víctima de la primera bomba atómica-, Dresde, Varsovia, Auschwitz, Hamburgo y Volgogrado, la antigua Stalingrado.
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La intención es hermanar su lamento para que su voz se escuche con más fuerza en el resto del planeta, para que desde esa pequeña villa de Vizcaya se envíe el mensaje de que las guerras destruyen a los pueblos y los dejan marcados para siempre.
Esta proclama también la defenderán personalidades de todo el mundo, como el Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, y el mexicano Mario Molina, Nobel de Química.

Luis Oriondo tiene 84 años y es uno de los sobrevivientes del bombardeo de Gernika. Con la memoria intacta de aquellos días, contó a La Jornada cómo vivió, a los 14 años, uno de los actos más brutales y despiadados de la Guerra Civil española (1936-1939). "El 26 de abril, después de comer, me fui al banco, como todos los días, a hacer los recados. A eso de las cuatro y media de la tarde sonaron las campanas, que era la señal de alarma.
"Un hombre que estaba conmigo se asustó, me preguntó dónde había un refugio y me pidió que lo acompañara. Posiblemente por eso salvé la vida. El caso es que en una plaza grande, cerca del mercado, había unos refugios, como túneles pequeños y bajos, sin ventilación ni luz ni nada, porque estaban bajo tierra. Cuando oímos las primeras bombas, que sonaban un poco lejanas, corrimos a los refugios. Nos metieron hasta el fondo de uno. Ahí estaba muy mal, porque a los pocos minutos no podía respirar, me faltaba oxígeno y estaba aterrado porque pensaba que si caía una bomba encima podía morir enterrado vivo.
"A los 10 o 15 minutos nos dijeron que ya había terminado; salimos contentos pensando que todo había acabado y, cuando íbamos a ver lo que había pasado, volvieron a sonar las campanas. Todo el mundo corrió otra vez a los refugios, pero a pesar de que las bombas caían cada vez más cerca, yo preferí estar cerca de la salida para poder respirar. Así estuvimos tres horas o más. No podía ver lo que estaba pasando porque los sacos me tapaban; sólo oía el ruido de los aviones y el estruendo de las bombas. También de vez en cuando me llegaban bocanadas de aire caliente por la deflagración de las bombas".
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Oriondo, igual que cientos de vecinos de Gernika, vieron con perplejidad e indignación cómo su pueblo había sido devastado por la aviación alemana, por orden del bando fascista.
"Yo pensaba que era un bombardeo convencional, a puentes o sitios estratégicos. Cuando salí me quedé aterrado porque el pueblo estaba ardiendo por completo; deduje que primero echaron bombas rompedoras y después incendiarias. Así que lo primero que hice fue intentar escapar de ahí, porque me había sentido prisionero durante todo el bombardeo y jurándome, mientras escapaba, que nunca más viviría un bombardeo en un refugio. Nos fuimos a un pueblo que se llama Lumo por una ladera del monte, ya que lo único que veíamos de nuestro pueblo eran llamas.
"Solicitamos ayuda en uno de los caseríos para ver si nos dejaban dormir y nos daban algo de comer. Nos echamos a dormir en la cuadra, con los burros y las vacas, pero a medianoche oí que me llamaban. Me asomé y vi a mi madre en medio de la plaza que gritaba mi nombre. Volví al pueblo ocho años después, tras pasar por Santander, Bilbao y Francia, donde finalmente tuvimos noticias del padre".
Josefina Odriozola, de 83 años, también tiene fijos en la memoria los días del bombardeo, que vivió cuando estaba con su madre comprando fruta en el mercado. "Vimos que los aviones que sobrevolaban el pueblo llevaban bombas, por eso decidimos salir corriendo y gracias a eso salvamos la vida. Cuando pasó el bombardeo, recuerdo que fuimos a ver lo que había ocurrido y vimos todo el pueblo en llamas y así estuvo ardiendo durante varios días. Eso que pasó no se olvida nunca, pero en estos momentos no puede estar presente siempre. A pesar de que muchos vecinos murieron o escaparon, porque mucha gente del pueblo nunca volvió después de partir hacia Francia y Rusia, tuvieron suerte de que no les cogieran los militares porque se sabía que iban ametrallando gente en el camino", narró esta sobreviviente.
A pesar de que el bombardeo de Gernika ha sido estudiado y documentado con amplitud, hasta la fecha no se ha producido ningún acto de perdón simbólico por parte del Estado español, sobre todo por parte de la derecha, que al menos desde algunos sectores, sigue defendiendo la tesis que difundió el régimen franquista: que Gernika lo destruyeron y lo quemaron "los rojos-separatistas", como llamaban entonces a los vascos.
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Alemania pidió perdón
Hace 10 años, el entonces presidente de Alemania, Roman Herzog, sí reconoció la participación de la Legión Cóndor en el bombardeo y pidió perdón a las víctimas.
Oriondo señaló: "En las guerras la población civil es la que siempre sale perdiendo. Por eso hemos participado en diversos actos contra la guerra de Irak. Por eso también lamentamos que los sucesores de Franco, que son los señores del Partido Popular, no reconozcan hasta la fecha lo que ocurrió en Gernika, ni hayan pedido perdón, como sí lo ha hecho Alemania".
María Oianguren, de la plataforma pacifista Gernika Gogoratuz, explicó que "es importante recordar lo que ocurrió hace 70 años para no olvidarlo nunca. Es importante que las nuevas generaciones sepan que hubo un bombardeo contra la población civil, para que este trágico episodio tenga carácter pedagógico que nos recuerde que antes de Gernika hubo otros tantos Gernikas y que después, lamentablemente, sigue habiendo Gernikas, como ocurre en Irak en estos momentos."
En cuanto a la ausencia del Gernica de Pablo Picasso en la conmemoración, Oianguren señaló que "tiene mucho sentido que el cuadro esté en otras ciudades que hayan sufrido bombardeos, como Dresden, Fallujah o Bagdad. Pero adquiriría mayor poder simbólico si fuera expuesto en ciudades que no han sido bombardeadas, pero que están en riesgo de serlo. Es una obra que pertenece a la humanidad."
 
Eduardo Parra Istúriz | Diseñado por Techtrends | © 2007-2008 Derechos reservados