17 junio 2017

Crónicas Argentinas – Ariel: el fotógrafo de la salsa.




Tardé bastante en publicar esta entrada, pero no por falta de iniciativa o de temas, sino porque hemos tenido una semana complicada, con mucho trabajo, y además porque mi otro proyecto web, Manicomio Nacional también exige tiempo.


Pero acá estamos. Le debemos esta crónica a los compañeros con los que hemos compartido sabrosos momentos en Buenos Aires. Por supuesto, debemos empezar con Luis y Charlotte, quienes nos recibieron en su casa apenas llegamos, nos ofrecieron el primer refugio y fueron el primer contacto con la realidad porteña.


Luis, Charlotte y el pequeño Mathías. Mil gracias.



Tras una noche mal dormida, el domingo 8 de mayo en la mañana salimos Luis y yo a comprar algunas cosas y por supuesto yo estaba totalmente perdido. En ese momento tuvimos nuestro primer contacto con la medialuna, el dulce de leche y las facturas como parte de un desayuno. Es extremadamente raro en Venezuela desayunar cosas dulces, excepto el café, que se suele endulzar,



Por supuesto esa no ha sido la única comida porteña. Poco después nos atracamos con el costillar de cerdo, probamos la pizza bonaerense, fuimos a La Ópera con Sandrita y luego empezamos a comer en casa. A los sabores propios de los ingredientes de la comida argentina se sumaron los condimentos y nuestra forma de cocinar.


La pasta quedó exquisita.


Hemos vuelto al pollo con pimienta y curry que hacíamos en La Candelaria, también a las carnes en parrilla, así como a las deliciosas ensaladas que hace Natasha. Aunque no son muy comunes las ventas de mariscos, en el mercado se consiguen camarones, así que también hicimos pasta con salsa de camarones y queso parmesano. Uff...


Hacía mucho tiempo que no comíamos salmón


Un delicioso descubrimiento fue el de una feria que se instala cerca de la casa los miércoles y sábados y cuyo mayor atractivo para nosotros es el puesto del pescadero. De allí han surgido almuerzos deliciosos: con trucha y con salmón. No se ha quedado atrás la carne de soya, que ayuda a balancear el consumo de carnes y también el presupuesto. 







Ariel y la Güerrín




Una salida memorable fue a la pizzería Güerrín. Así, con diéresis. A pesar de que la escritura indica que el local se llama GU – E – RRIN, lo cierto es que todo el mundo la llama Guerrín. Hasta allí fuimos bajo la mano cómplice de Ariel Till, otro compañero de la Tropa Argentina, extraordinario fotógrafo, de los que aún trabaja con química y no en digital, y cuyas estupendas opiniones en torno al mundo de la fotografía pueden leerse en el portal Las Nueve Musas.


Todo analógico, excepto el reloj...



La pizzería Güerrín, al igual que la Ópera, es un establecimiento con más de 80 años. En este caso se trata de un local enorme en la avenida Corrientes, a tres cuadras al oeste del gigantesco obelisco de la avenida 9 de Julio, también gigantesca. Abro un paréntesis: con sus 6 canales por cada lado, la avenida 9 de Julio es tan importante y tan amplia, que la noticia del cierre de esa vía aparece en un comercial de vino como una verdadera desgracia. Cierro el paréntesis.


La gente hace filas para comer cortes de pizza.



Nos habíamos conseguido con Ariel en Puerto Madero, cerca de su trabajo. Nos debíamos el encuentro desde hace unos 10 años, cuando él estuvo en Venezuela y nos comimos unas arepas con sus soleras (cervezas venezolanas) en el mítico Misia Jacinta, restaurant que da la bienvenida a El Rosal, en Caracas. Por aquella época no cerraba nunca; atendía las 24 horas, pero ahora cierra a la 1 de la mañana o más tarde los fines de semana.


Como Puerto Madero es zona es turística y extremadamente costosa, decidimos movernos de ahí hacia otra parte de la ciudad con menos ínfulas y en la que nuestros bolsillos sufriesen menos al sentarnos a tomar café. Caminamos en dirección a Microcentro, por Sáenz Peña, la diagonal que conecta Plaza de Mayo con el gran obelisco.


Al llegar a 9 de Julio Ariel nos enseñó un truco que no conocíamos: usamos la estación del subte como pasadizo y así llegamos al otro lado de la calle sin tener que esperar semáforos. Parece una tontería, pero el Subte argentino no es igual que el Metro de Caracas, hay estaciones en las que no puedes pasar de un lado a otro sin pagar el pasaje, porque hay que atravesar el andén. Esta no es de esas.

Hay que tener huevos...




Como siempre, llegamos a la Güerrín dispuestos a todo. Ariel, que es habitué del local, nos recomendó una pizza que nos sonó muy, muy rara: pizza de huevos fritos. Nosotros teníamos ganas de comer pizza con mariscos (de nuestras favoritas), así que acordamos una pizza dividida a mitades, una mitad de mariscos y la otra de huevos fritos. La bomba se aderezó -no podía ser de otra manera- con cerveza de sifón. Una jarra de un litro bastó para los dos. Los dos, porque nuestro querido fotógrafo no toma alcohol.



Pero Ariel tenía un as bajo la manga: cuando el mesonero (aquí son mozos) se acercó, le preguntó si tenían fainá. Yo inmediatamente, con el Caribe encendido, pensé en la Fania, el sello disquero con el que grabaron Héctor Lavoe, Willie Colón, Ismael Miranda, Cheo Feliciano, en fin, casi todos los artistas de la época dorada del son, el guaguancó, la plena, la bomba y en fin, todo ese conglomerado antillano al que un venezolano, el bigotón Fidias Danilo Escalona, bautizó sin querer con el nombre de "Salsa". Fania funché, fania funché, dice la canción...

La tal fainá, por consiguiente, para mi fantasioso cerebro que vive conectando cosas aleatoriamente, debía ser una salsa. Pero no. Ariel nos explicó que la fainá es una masa que se hace con base en garbanzos, lo cual me hizo recordar el falafel árabe. Pero no, tampoco era. Tocaba esperar.


Pizza napolitana con fainá encima.



La fainá es, efectivamente, una masa de garbanzo, parecida a la masa de una arepa pero mas flexible y de grano más grueso (tranquilo Ariel, no hablo de fotografía), con un sabor intermedio entre el falafel y la misma arepa. Se coloca sobre la pizza y con esto se convierte cada pedazo en un sandwich que por un lado tiene la pizza, con su relleno fabuloso, y una tapa de fainá. Impresionante.


La llegada de la pizza fue fastuosa. Un círculo saporífero realmente grande, con queso que chorreaba por los laterales, invadiendo la tabla e incluso la mesa, con una mitad aderezada de calamares y la otra igualmente rebosante en queso, pero además cubierta por no sé cuántos huevos fritos. No los conté. Encima, la fainá.


Ariel debe haberse asustado al vernos a Natasha y a mí devorar los pedazos de pizza uno tras otro. Él también comió, pero contra nuestra voracidad es difícil competir. Estoy seguro de que si el colesterol en el organismo humano pudiera fotografiarse con instrumental simple, nuestro compañero se hubiera dado banquete. Fue una cena opípara.






Inédito: pizza de huevos fritos.



La sobremesa fue estupenda, hablamos de todo un poco, y acomodamos el mundo. Intentamos establecer la fecha exacta en la que nos vimos en Caracas pero fue imposible. Hicimos una buena conversa que se extendió hasta que la hora indicó que era prudente salir, antes de que cerraran el Subte, porque nosotros aún estábamos muy jojotos como para saber qué bus nos lleva a casa.


ACLARATORIA IMPORTANTE:


Jojoto: mazorca de maíz tierno, inmaduro. Se usa en Venezuela para indicar que algo es muy joven, y por extensión, inexperto. Se usa así: “él ya hace su trabajo, pero está muy jojoto, tiene que ganar experiencia”, o “¿cómo que María se va a casar, si lo que tiene son 18 años? ¡está muy jojota!”…


En fin, la noche estaba jojota pero al día siguiente había que laburar, así que al pobre Ariel le tocó un viaje largo en bus, mientras que nosotros llegamos enseguida a casa. La ubicación del apartamento es muy buena, sobre la Línea A del Subte, y eso siempre es una gran ventaja.

Pronto les contaremos acerca de otro encuentro maravilloso…



09 junio 2017

Crónicas Argentinas – El cristal con que miramos



Ayer, 8 de junio, cumplimos nuestro primer mes en Buenos Aires. Hasta ahora lo hemos pasado muy bien y, como bien dice un amigo que conocimos hace poco, “el señor nos ha llevado por el dulce camino”. Es verdad, no nos hemos topado aún con las crudas realidades que indudablemente también forman parte de esta sociedad, o quizá le hemos pasado al lado sin notarlas demasiado.

La indigencia nos ha impresionado. La primera semana sólo vimos a dos personas en situación de calle y pensamos que eran pocos, pero al mudarnos a Balvanera notamos que son muchos más. Además, las condiciones que debe soportar un indigente en invierno deben ser tremendamente duras.


La indigencia ha crecido un 38% en Buenos Aires.


Todos, absolutamente todos los argentinos con los que hemos compartido alguna conversación más o menos larga y en la que se encaran temas sociales nos dicen lo mismo, que la cosa está difícil, que ha disminuido el comercio en los locales, que la inflación, que el 2x1.




Venezuela: la escasez de alimentos en su momento más álgido



Explico algunas cosas para los no argentinos. Es cierto que el comercio está experimentando un momento difícil: según leí en el diario La Nación de hoy, las ventas en los mercados han disminuido un 4%. El precio de las verduras es 16% más alto que el año pasado y particularmente el tomate ha subido mucho, un 40%.

Argentina: aspecto típico de una frutería.




Cuando llegamos, el dólar costaba 15,15 pesos. Hoy se cotiza en 15,8. Eso significa que en un mes el peso argentino ha perdido casi el 5% de su valor frente a la divisa norteamericana.

Por supuesto, lo que nos pasa es que comparamos con nuestra propia realidad inmediata. En Venezuela las ventas en los mercados de 2016 a 2017 disminuyeron en 50%, de acuerdo con los pocos estudios disponibles.

En Venezuela se ha hecho cotidiana -y deprimente- desde hace tres años, la imagen de las largas filas de gente para comprar alimentos de primera necesidad (muchas veces la gente no sabe qué producto llegó ese día), el día en que se distribuyen en los mercados. De hecho, la ausencia de las filas suele ser motivo de alerta.


La fila indica que al mercado llegó "algo".



Cuando salimos hacia Buenos Aires, el dólar paralelo se cotizaba a 4 mil 600 bolívares. Hoy cuesta 6 mil 780. Eso significa una desvalorización del bolívar equivalente al 47% en un mes. Pero habrá quienes me digan que el valor del paralelo no es un buen ejemplo.

Muy bien, tomemos el valor del Dicom, cambio oficial que se vende por medio de subastas.

Hace un mes, el valor del dólar Dicom era de 706 bolívares. Hoy, tras la segunda subasta, es de 2 mil 161 bolívares. De acuerdo con el valor oficial del dólar Dicom, la divisa no es 47% más costosa, sino 206% más costosa que hace un mes.

Comprenderán ahora los amigos argentinos que 4% de disminución de ventas o 5% de encarecimiento de la moneda nos resulten insignificantes, muy difíciles de notar, frente al cuadro insólito del que venimos, en el que los valores que encuentran gigantescos e inaceptables son 12 veces o hasta 50 veces menores que los de Venezuela.

No es que no podamos ver la realidad; es que en relación a nuestro propio proceso, respecto a nuestra realidad más reciente, esta realidad implica un alivio.



Un pueblo inocente



El 2x1 es un tema muy delicado y que conocemos mal. Sin embargo y como siempre, nos atreveremos. De acuerdo con lo que hemos averiguado, se trata de una ley que duplica el cómputo del tiempo de prisión a los presos que cumplen encierro preventivo. Es decir que si usted lleva un año de prisión sin sentencia firme, ese año vale por dos.

Explico un poco mejor. Supongamos que al Sr X se le aprisionó en 1995 y estuvo 2 años en prisión mientras se le seguía juicio. La sentencia firme ocurre en 1997. A efectos del ejemplo, supongamos que esos dos años fueron exactos. Si la sentencia finalmente es de 15 años, corresponde una rebaja de dos años, correspondiente a los que ya se cumplieron en prisión durante el juicio, con lo que quedarían 13 por cumplir. La ley del 2x1 duplicó el valor de los años previos a la sentencia, así que de los 15 años se rebajarían 4, quedando la sentencia en 11.

El objetivo, se supone, era aliviar el atraso procesal (este asunto sí lo conocemos bien en Venezuela), pero el resultado fue nulo (lógico, porque el cómputo sólo es aplicable una vez obtenida la sentencia firme) y el instrumento se derogó en el año 2001.

Increíblemente, el martes 10 de mayo el congreso de la República Argentina sancionó apresuradamente una ley que resucitaba la ley del 2x1, según me dicen, con el fin de beneficiar a algunos esbirros de la dictadura de Videla.

Afortunadamente en Venezuela la última dictadura terminó en 1958 y muy poca gente tiene recuerdos de los dislates cometidos en esos años.

Cementerio argentino en Las Malvinas.


La última guerra en que participó Argentina fue la de Las Malvinas, en 1982. La última guerra importante en Venezuela ocurrió en 1899, hace 118 años. Escasísimos venezolanos tienen idea de cómo es una guerra moderna. Sencillamente son cicatrices que no tenemos. Y en realidad tenemos pocas en relación a nuestros vecinos suramericanos.

Para nosotros es oscuro y asombroso encontrar en las calles bonaerenses placas metálicas que conmemoran la desaparición de Fulano de Tal, quien trabajó “aquí” hasta el día X. 


Todo está grabado en la memoria.




En ese sentido, somos aún un pueblo muy inocente. Quizá por eso somos tan desordenados. Quizá por eso algunos de mis compatriotas lanzan a los cuatro vientos la sentencia de que hay una dictadura en Venezuela.

Quizá es todo mucho más parejo y sólo tenemos un desfase temporal. Quizá todo radica en que usamos distintos cristales para mirar nuestras realidades.

07 junio 2017

Manicomio Nacional




Natasha y yo hemos notado con mucho asombro cómo la sociedad venezolana ha ido aceptando lenta pero inexorablemente situaciones que lesionan su desarrollo. Eso tiene que ver con la operación de factores que se benefician al producir caos en el país.



www.manicomionacional.com


Por ejemplo: si estacionamos un carro o una moto en la calle, aparecerá un señor que "nos cuidará" el vehículo hasta que volvamos. La mayoría tiene tarifa fija. ¿Nadie se pregunta por qué un particular debe cuidarnos el carro o la moto? ¿Por qué tendría que correr peligro el vehículo?

La respuesta es: "la inseguridad". La policía no cuida los carros o las motos, y lo peor es que si uno decidiera no hacerle caso al cuidador, es casi seguro que el carro aparece rayado o un espejo de la moto roto. Lección aprendida: hay que ceder al chantaje.

Y esa es sólo una de las cientos de cosas que están "mal puestas" en nuestra sociedad. Las hemos identificado desde hace varios meses en Facebook con la etiqueta #ManicomioNacional y poco a poco se hizo más y más popular esa etiqueta.

A fin de abrir un espacio para denunciar las cosas locas que ocurren y que debieran funcionar de forma normal, eso que Chávez llamó "el buen vivir", y que ahora se cuidan mucho de no mencionar, hemos abierto un nuevo espacio web, llamado Manicomio Nacional.

Visítanos haciendo clic AQUÍ.

04 junio 2017

Crónicas Argentinas – Los túneles encantados




Esta crónica se la debía a Buenos Aires de hace mucho rato. Se me ocurrió escribirla hace un par de semanas pero me fui enredando en más asuntos, como dice Silvio.

Como recordarán quienes leyeron las otras crónicas (si no lo han hecho, les recomiendo leerlas una por una y en orden), al llegar a Argentina (domingo 7 de mayo) nos alojamos en el apartamento de Pedro Mazzino, en la calle Gallo, en la zona de Palermo, que es muy costosa. El domingo 14 nos mudamos al lugar que ocupamos ahora, en la calle La Rioja, Balvanera, y que se parece mucho más a nuestro presupuesto real.

Una de las tiendas en Microcentro.



Lo cierto es que el domingo Pedro tenía que salir y nos dejó las llaves de su apartamento, diciéndonos que se la entregásemos luego. Se trata de un acto de confianza muy difícil de comprender en el contexto venezolano, pero poco a poco nos vamos acostumbrando. Igual, nos parece que la actitud de Pedro es sencillamente excepcional.

El lunes no pudimos vernos para entregarle las llaves, pero el martes hicimos un hueco en la apretadísima agenda (de él), que transcurre entre su oficina (cerca de Microcentro) y la zona del Congreso. Quedamos en vernos en su oficina.



Microcentro no está en el centro.


 Si vemos un mapa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), como se llama oficiamente, veremos que tiene la forma de un trapezoide irregular, una especie de triángulo romo. Hay una zona muy hacia el este (tanto que colinda con Puerto Madero), llamada San Nicolás. Allí se encuentra Microcentro.


Microcentro está muy al este en Buenos Aires.

Se trata de una cuadrícula de 8 cuadras por lado, entre la avenida De Mayo (sur), la avenida Córdoba (norte), la extra ancha avenida 9 de julio (oeste) y la av. Leandro Alem (este). En todo el centro del trazado nace la avenida Corrientes, que lleva directamente al famoso Obelisco de la 9 de julio. Además hay una avenida (la Sáenz Peña) que corre en diagonal y conecta ese obelisco con la Plaza de Mayo. Mejor vean el mapa.


Microcentro.


Para los venezolanos, Microcentro puede describirse como un intermedio entre el casco histórico central de Caracas y el bulevar de Sabana Grande en sus mejores tiempos. Hay allí edificios de valor histórico, pero a la vez se produce una intensa actividad comercial. La zona está pensada para e turismo y el tránsito vehicular está restringido en casi todas sus calles.


Esto sí es “underground”




Yo tenía que verme con Pedro en la avenida Corrientes, así que acudí nuevamente a google maps y descubrí que la forma más directa y sencilla de llegar era el Subte. Pero además, yo estaba loco por ver el famoso “metro de Buenos Aires”, uno de los más antiguos del mundo, fundado en diciembre de 1913. El Metro de Caracas se fundó en 1983 y siempre ha tenido un aspecto muy moderno, no así el de Buenos Aires, lo cual alimentaba mi curiosidad.


Los accesos indican a qué líneas se puede entrar por ellas.

El Subte está compuesto actualmente por 6 líneas en funcionamiento: A, B, C, D, E y H (la F, la G y la I se están construyendo), cada una identificada por un color distinto. La línea A es, lógicamente, la más antigua y se ha reservado para ella el color celeste, presente en la bandera nacional argentina. La red tiene unos 54 kilómetros de vías en total, pero al añadir las nuevas líneas puede llegar a 75 km. Todos los trenes son eléctricos pero según la línea varía el método: en todas las líneas excepto la B se usa una catenaria central. En la Línea B se combina ese sistema con el de riel central electrificado.


Mapa de vías actual.





Otro dato interesante es que las mascotas pueden viajar en el Subte, sin pagar pasaje adicional, aunque siempre en el último vagón. A tal efecto en las estaciones hay un área reservada para la espera con mascotas.


Las mascotas son bienvenidas.



Con el centenario del Subte, en 2013 se sustituyeron los últimos vagones de la etapa antigua que quedaban en servicio. Se trata de unos legendarios vagones de fabricación belga (ensamblados en 1912) que eran los más antiguos del mundo en funcionamiento. La gente iba al Subte a despedirse de los vagones y se hacían fotos con ellos; lamento no haberlos conocido: debe ser alucinante ingresar a un tren subterráneo y que esté construido de madera.


Las últimas oportunidades para ver los vagones. Foto: El Clarín.



Algunos de esos vagones históricos fueron subastados para recoger fondos y evitar que terminaran abandonados. La idea era que se montasen locales para la gastronomía en ellos. Aún no he averiguado en dónde se encuentran, pero eso es cuestión de tiempo.


Aspecto interno de los vagones de 1912.


A pesar de la modernización, las estaciones siguen teniendo en muchos aspectos un aire antiguo (como toda la ciudad), y no son frecuentes las escaleras mecánicas. Las 14 estaciones originales, de Plaza de Mayo a Plaza Miserere, conservan la estética original.


Los túneles de ingreso a las estaciones y sobre todo las estaciones en sí mismas guardan el aire de construcciones hechas para siempre. Por ejemplo, en contraste con los andenes caraqueños que están completamente libres de obstaculos, en los de la Línea A se pueden ver las columnas de acero que sostienen el túnel desde hace más de un siglo.

Uno de los vagones históricos. Foto: Ariel Cruz.

Las estaciones están decoradas con frescos y cuadros de época. Las restauraciones que se han hecho a los túneles, andenes y estaciones han sido muy respetuosas del carácter retro que reina en la mayor parte de la red. Los carteles originales de las estaciones fueron restaurados y pueden verse en las paredes de los andenes.

Además, hay otras curiosidades, como los restos arqueológicos (fósiles de gliptodonte) encontrados durante la excavación de la Línea B. El Subte es, en sí mismo, un lugar de interés turístico. Me han hablado maravillas de la estación Constitución, que aún no visito, pero seguramente cuando lo haga formará parte de una nueva crónica.



Notas por el subsuelo.


La estación más cercana a mi casa y por consiguiente la primera que visité se llama Plaza Miserere, una de las 14 fundadoras. Por esa misma línea debía ir, en dirección a Plaza de Mayo, para verme con Pedro. Pero éste me avisó que no iba a poder estar en el lugar convenido y me pidió que le dejara las llaves con un compañero de oficina.

El ir fue muy rápido. Me llamó mucho la atención todo el aspecto antiguo de los trenes y pasillos, la casi total ausencia de escaleras mecánicas, y en general, el contraste entre la estética de hace décadas y la tecnología de los trenes chinos y la adaptación de los torniquetes (muchos con barreras de madera) y el sistema electrónico SUBE, con la que se pagan todos los pasajes del transporte público en Buenos Aires.

Abundan los músicos subterráneos. Foto: UBA.

Salí del tren y, muy cerca de los torniquetes, a los que acá llaman molinetes, topé con un par de chicos que tenían montada toda una parafernalia en el andén: atriles, partituras, guitarras, micrófonos, parales y altavoces amplificados. Los chicos cantaban muy bien. Me quedé escuchando un rato y caí en cuenta de que movilizar todo ese aparataje no era fácil. En caso de que la policía o la vigilancia del Subte los echara, iban a tardar lo suyo en salir de ahí, de modo que tenían que tener un permiso o algo así.


Al final de una canción, les pregunté si tenían una licencia para tocar en pleno andén. Quería saber si estaba regulada la actividad musical en el Subte (recordar que soy músico e hipotéticamente puedo recoger unos cuantos pesos entre joropos y merengues), y uno de ellos me respondió:

- Mirá, sí, para tocar en los andenes tenés que tener un permiso. Te inscribís en la dirección tal...

- ¿Y para tocar dentro de los trenes también?

- No necesitás licencia, te montás a hacer lo tuyo, igual te van a cagaaar, te van a perseguir de vagón en vagón, pero es así, chabón, igual se labura…

Les di la gracias y salí contento. Quizá algunos porteños comiencen a conocer joropos, merengues y tamunangues...

Entregué las llaves y al regreso entré la misma estación Perú (o eso creía yo), muy amplia porque conecta con las líneas D y E. Por cierto, es curioso que entre las 14 estaciones fundacionales, una se llame Perú y otra Lima.

Entré por cualquier parte. Ahora que lo pienso, tal vez entré por una escalera de la Línea D o E, porque primero pasé por un andén que no era de la A, donde se escuchaba vagamente música instrumental con un saxofón solista. Tuve que recorrer parte del sistema de túneles que conecta a los pasajeros de las tres líneas, hasta dar con el andén celeste. En ese trayecto me encontre con la responsable de la música. No era Kenny G, sino una mujer en minifalda negra que soplaba como las diosas (al saxofón) y tocaba de maravilla. Su arte inundaba los dos andenes y todos los túneles de pasajeros.

Los vagones actuales de la Línea A, de fabricación china.

Me metí en el vagón amarillo, pensando en las piernas, ¡perdón!, en las notas de la chica del saxofón, e hice el recorrido en sentido opuesto hasta llegar a Plaza Miserere. A la salida no sabía dónde estaba el norte o el sur, porque en esta ciudad no está el cerro Ávila (¡coño, qué falta hace!), sino que es plano por todos lados.

Tras reorientarme, volví al apartamento sin novedades, y pensando en dónde se puede ofrecer trova, o buena música venezolana, a los habitantes de la ciudad de la furia.

¡Nos vemos en la siguiente crónica!

02 junio 2017

Crónicas Argentinas - Volver al futuro



Espero que todos mis lectores hayan visto la genial saga de Volver al futuro (Back to the future), en la que Marty McFly (Michael J. Fox) y el “Doc” Emmet Brown (Christopher Lloyd) pasan por una serie de aventuras en poco más de 24 horas, o 30 años, o 100 años… según lo que haya vivido cada uno de ellos. 
 




En la segunda entrega (CUIDADO, ¡viene un spoiler de hace 30 años!), el malo de la película, Biff Tannen, se roba un libro con los resultados deportivos de 1950 al año 2000, se hace millonario y, cuando los viajeros del tiempo regresan a 1985, encuentran un mundo alternativo en el que reina el mal y Tannen es el máximo representante del poder.

Afortunadamente, los buenos aún tienen la máquina del tiempo y pueden deshacer lo hecho, para retomar la línea original del tiempo. Que dicho sea de paso, tampoco era la original, porque ellos habían modificado la historia en la primera peli. 

¡Ufff!, pido disculpas a todos los que aún no han visto la trilogía, se las estoy contando casi sin darme cuenta. 


Cualquier parecido con Petare es pura coincidencia.



En ese mundo maligno creado por Tannen se ha impuesto la ley del más fuerte. Todo el mundo está armado, y los que no, simplemente sobreviven.




Cosas que se añoran


Hace tres semanas que estamos en Buenos Aires. Ya sabemos buscar direcciones de nuestra cuenta, vamos y regresamos sin mayores inconvenientes, resolvemos el día a día. Hacemos mercado para la semana, presupuestamos, planificamos y vamos tolerando mejor el frío.

Estamos en una zona “peligrosa” de la ciudad, dicen todos. Que no nos descuidemos, que se reportaron 6 mil arrebatos de celulares el año pasado, que también matan gente, que pasan cosas feas y, sobre todo, que Buenos Aires es una cosa y el resto del país es otra muy distinta. O sea, que en Argentina ocurre lo contrario que en Venezuela: la capital es menos peligrosa que la provincia.


Claro que un recién llegado no está en condiciones de refutar o apoyar nada de lo que dicen, pero hacemos algunos ejercicios de observación.

Kiosko: el vendedor suele estar detrás del mostrador circular.
Los kioskos tienen la mercancía expuesta, sin vitrina, para que la gente pueda servirse libremente. No hemos visto a nadie tomar un chocolate e irse de la tienda sin pagar.

Los conductores no cierran las ventanas cuando se les acerca un motorizado. No se ha instalado el miedo al asalto, mucho menos con armas de fuego. De hecho, los compañeros argentinos con los que hemos conversado el tema se quedan perplejos cuando les explicamos los métodos que se ven a diario en Venezuela.

Los negocios más pequeños cierran a las 9 de la noche. Los restaurantes abren hasta las 3 de la mañana: el argentino tiene una vida nocturna muy activa y es común que te inviten a comer a las 11 de la noche, sin demasiado drama.
La gente no guarda sus celulares al entrar en la línea A del Subte (el metro de Buenos Aires se llama Subte) y por el contrario, aprovecha la señal de wifi que es gratuita en las estaciones. En los túneles no hay señal. 


El Subte tiene 8 líneas y funciona hasta las 11:00 p.m.



La tapa del frasco la pone una anécdota correspondiente al concierto que ofreció el trovador venezolano José Delgado en Hasta Trilce, un teatro ubicado a seis cuadras de casa. Lo primero que nos llamó la atención fue que el concierto estaba convocado para las 11 de la noche. En Caracas suelen comenzar a las 7 u 8. Al descubrir la ubicación del teatro, decidimos ir a pie y llegar un poco más temprano, así que nos dio tiempo de consumir dos litros de cerveza antes de que comenzara el recital.

Al culminar, nos quedamos hablando con José y con Andrea (quien regenta la programación del teatro), y entre una cosa y la otra se nos hicieron las tres de la mañana. La avenida Hipólito Yrigoyen debía llevarnos hasta la casa, pero habíamos olvidado la sensación de caminar por una ciudad a esa hora.

Salimos y afrontamos el frío, así como un vago temor de que las calles estuvieran desiertas. Pero adivinen… ¡NO!, para nada estaban desiertas. Había ciclistas, personas que salían de otros locales y se incorporaban a sus propias rutas. En alguna esquina vimos a dos indigentes que conversaban muy animados y obviamente estaban alcoholizados o drogados. Natasha apretó mi mano, asustada. Yo no soy Superman, así que entré en alerta. En esa misma esquina, un taxi se detuvo porque el semáforo estaba en rojo.

Entonces me escuché decir, en tono tranquilizador:

- Cariño, no hay nada qué temer. Mira que hay dos indigentes en la esquina y un taxi se detiene en el semáforo a las tres de la mañana. Eso no pasa en Caracas. Esta gente no tiene miedo de pararse en la esquina.

Ella solamente asintió y sentí cómo se relajaba.


Ayer nos dimos cuenta de que en las últimas tres semanas no hemos escuchado ninguna detonación de armas de fuego. Es extraño notar esas cosas.
Este conjunto de cosas nos indica que hay una sociedad que aún no conoce la violencia típica de ciudades como Caracas, México, Río de Janeiro o Sao Paulo, por nombrar algunas.

A pesar de ello, los compañeros insisten en que las cosas están complicadas. La verdad es que para nosotros es difícil verlo, porque venimos del mundo de Tannen. Tanto ella como yo llegamos a disfrutar de una Caracas mucho más humana que la de hoy, y esas realidades se añoran.



Un deja vu permanente

En estas tres semanas en Buenos Aires, Natasha y yo hemos tenido la impresión de haber viajado al pasado en más de una ocasión. Aquí, la avenida Santa Fe, ya lo hemos dicho antes, nos recuerda a la caraqueña avenida Urdaneta, sólo que en los años 80. La avenida Rivadavia, que está a una cuadra de la casa, nos recuerda permanentemente a la avenida Universidad, pero en los noventa. 


Nos recuerda a la avenida Universidad, hace 25 años.

El comportamiento de la gente también se parece al del venezolano de hace 20 o 25 años, cuando la cultura y la jerga carcelaria del “beta, el mamaguevismo, el causa” y sobre todo la pésima costumbre de no dar o devolver los buenos días aún no se habían instalado en la sociedad.

Es tremendo encontrar en la conducta de la sociedad bonaerense el respeto a las leyes de tránsito, la costumbre de saludar y sonreir. En este tiempo nos hemos montado en dos carros privados, y las dos veces nos han tocado controles de tránsito. El trato de los agentes a los ciudadanos es impecable: 

- BUENAS NOCHES, señor (a), estamos realizando una operación de revisión de tal cosa, POR FAVOR, encienda las balizas (luces intermitentes). SEA TAN AMABLE de facilitarme su licencia de conducir, el carnet de circulación y el seguro del auto…


Las dos veces que nos ha tocado han sido amables.



La comparación con un policía de tránsito en Venezuela es bastante absurda. Todos sabemos que el lenguaje corporal y verbal de uno de esos personajes en nuestros país es agresivo, y también sabemos que ese personaje puede sobornarse si nos falta algún documento.

Hace unos meses salíamos de casa cuando topamos con un control policial. Nos hicieron señas de detenernos y antes de terminar de pararnos ya nos habían metido mano para verificar si teníamos armas de fuego. El diálogo fue más o menos así:

-¡Cédula y licencia!

- Buenas noches, oficial. Le agradeceré que me trate con respeto, soy un ciudadano-, esto mientras sacaba los papeles solicitados.

- Bueno, dame los papeles...

El hombre se alejó, le entregó los papeles a un compañero que pidió alguna información por radio (o hizo el ademán). Tras un rato de espera, le dio los papeles al primero, quien a su vez me los entregó, diciendo: "esta vez te salvaste".

Uno no desea otra cosa que salir de ahí, por eso calla y se va, pero ¿de qué coño me salvé? ¿soy sospechoso de algo? ¿a estos tipos cuando niños su mamá no los quería y ahora de adultos viven repartiendo bofetá, es la cosa?.

En algún momento nos perdimos el respeto como ciudadanos; permitimos que los más fuertes nos pasaran por encima, que se impusiera una suerte de “sálvese quien pueda”, y ahora corregir es muy cuesta arriba. Esas cosas nos causan dolor: uno se pregunta qué nos pasó; ¿en qué momento los venezolanos dejamos de querernos como conciudadanos?.

Lo que nos está pasando a Natasha y a mí en Buenos Aires es que, a pesar del frío, que es desconocido en nuestras latitudes, nos da la impresión de haber viajado, no a Argentina, sino a Venezuela, pero la de los ‘80 o ‘90, cuando caminar por las calles no era un acto de temeridad… y fe. Somos McFly y el “Doc” de nuestra propia historia.



Por supuesto, ni el país, ni la gente, ni esta sociedad son perfectas. A veces vemos en gente que bota la basura a la calle, gente que cruza la calle aunque no le toque la luz del semáforo, gente que irrespeta la ley y la convivencia ciudadana, y entonces sentimos un adelanto del otro dolor. Provoca darles un palmetazo en la coronilla y decirles “no hagas eso, imbécil, que vas a joder al país”, pero sería demasiado pedirles que lo entiendan.

Al fin y al cabo, no son visitantes del futuro como nosotros. ¡Hasta la próxima!

27 mayo 2017

Crónicas Argentinas – La oficina comestible



Al país de Piazzola, de Evita y de Gardel, se le puede llamar República Argentina, Confederación Argentina, e incluso como Provincias Unidas del Río de la Plata, de acuerdo a la preferencia del referente, dado que los tres nombres son oficiales.

La palabra “argentina”, proviene del latin argentum. Por eso el símbolo de la plata en la tabla periódica es Ar. Argentina significa “plateada, de plata”, y por eso se llamó así a la república surgida de las Provincias Unidas del Río de la Plata...

Pero en Venezuela, la palabra “Argentina” se asocia a otras dos palabras, según el contexto.


Argentina es oficialmente católica, tiene a D10S, a un semidios, y al Papa



Aparece con frecuencia ese nombre junto a “selección”, obviamente cuando se habla de fútbol. Algo así como el 5% de los venezolanos es hincha de la albiceleste, desde los tiempos de Diego “D10S” Maradona, Caniggia y otras estrellas internacionales.

A veces, cuando se habla de baloncesto, se acompaña de fuertes improperios, porque la pandilla de Uranga y Melanesio (aún no aparecía Ginóbili) era una verdadera pesadilla para la selección nacional de baloncesto, incluso en los tiempos de los famosos Héroes de Portland (Carl Herrera, Gabiel Estaba, Kako Solórzano, Sam Sheppard, Alex Nelcha, Luis Jiménez, Rostin González, Víctor David Díaz, Iván Olivares, Melquiades Jaramillo) que ganaron plata en el preolímpico del 92 y sólo fueron derrotados por el Dream Team, con Jordan, Magic Johnson y Larry Bird.
Ese año Argentina no figuró y los brasileños comandados por Oscar Schmidt recibieron las preseas de bronce con cara de asesino serial. Schmidt, rabioso a más no poder, se la quitó apenas se la colgaron.




Los Héroes de Portland.



Pero nos fuimos lejos por las ramas. La otra materia en que aparece frecuentemente el nombre austral es la gastronómica. Lo que en Argentina se conoce como “asado”, en nuestro país se conoce, con mucha lógica, como “parrilla argentina”, que es uno de los platos más solicitados en las churrasquerías y restaurantes de carnes.



Comelones convictos y confesos


A Natasha y a mí nos gusta comer. Mucho, mucho. Nos gusta comer frecuentemente, en buena cantidad y de preferencia, conocer nuevos sabores, explorar la gastronomía dentro de nuestros propios límites de seguridad, que en mi caso son bastante amplios.

Pero nuestra cultura general que, modestia aparte, tampoco es mala, no nos había preparado para un país que, literalmente, se come sus insumos de oficina. ¡Facturas y minutas! ¿Dónde se ha visto eso?

Veamos: un venezolano normalmente procura desayunar con arepas o empanadas (sabores salados), café y quizás un jugo de frutas. Otra opción es un sandwich, con relleno a gusto del comensal. Es muy raro que en el desayuno aparezcan elementos dulces como la mermelada, tan común en el famoso “desayuno americano”.


Medialunas de manteca

En Argentina todo tiene dulce. El desayuno, como no, no podía ser la excepción. Los argentinos adoran desayunar con panecillos o preparaciones de hojaldre que a primera vista parecen un cachito (croissant) pero que son visiblemente más pequeños, suelen ser de unos 10 cm, a diferencia del croissant que es notablemente mayor. Esta delicia se llama “medialuna” y puede ser “de manteca” (dulces) o “de grasa” (saladas). No se puede negar que son honestos con el contenido calórico de las medialunas.


Pero ya los venezolanos, y seguramente buena parte de los caribeños, habrán adivinado que son una putada esos nombres para distinguir lo dulce de lo salado. Entre otras cosas porque para nosotros grasa y manteca son, en general, la misma cosa. En fin, lo cierto es que, para nuestro paladar, ¡tanto las medialunas de grasa como las de manteca son dulces!

Medialunas de grasa







Una medialuna de grasa tiene un sabor similar al de nuestros cachitos o croissants, mientras que las de mantecas son más dulces. Todas son estupendas para mojar en el café. El café es otra de esas cosas que tiene azúcar. No es que te sirven el café con azúcar cuando lo pides en un local; es que el café molido, para colar en casa, viene con 10% de azúcar. Nos costó un poco pero ya localizamos dos marcas de café que vienen sin azúcar añadida.


Burocracia para el paladar: facturas y minutas



Las medialunas forman parte de una gran familia de preparaciones que en Venezuela conocemos como “dulces de panadería”, y a la que acá llaman “facturas”. Las facturas son de masa, a veces de hojaldre, e incluyen variedad de cremas y frutas, o chocolate, o de dulce de leche que es de los mejores del mundo (aquí las vacas dan para todo). Es muy gracioso para nosotros ver los anaqueles llenos de dulce de leche (que se unta al pan en el desayuno), ocupando un lugar similar al del Cheez Wheez o la Rikesa en nuestros mercados.


Facturas surtidas


Allá por 2010, Glenda, la médico cubana, advertía que los venezolanos tenemos muchos problemas de riñones, porque comemos mucha harina de maíz y queso, queso en cantidades industriales, lo cual redunda en altas porciones de sal. Al probar los quesos argentinos hemos comprobado que son menos salados que los nuestros. Lo más parecido a nuestros quesos paisa o palmito es el “queso cremoso”, que en realidad se parece más a un mozzarela, pero untable.

Masas finas.


Volviendo a la dulcería, hay que decir que al principio nos moríamos de risa porque con nuestra imaginación, que funciona como la de Walt Disney, nos hacía pensar en comernos una libreta con obligaciones de pago cada vez que nos hablaban de comer facturas. Claro, en este caso factura se refiere al factum; a lo hecho, o sea que una factura en realidad es una hechura. En fin; cosas de los argentinos.





Es importante ser cuidadosos con un detalle. No todos los dulces que se encuentran en las panaderías venezolanas entran en la categoría argentina de “facturas”. Para los argentinos hay un grupo de dulces que se conocen como “masas finas” y que se distinguen porque no llevan la base de masa que caracteriza a los otros dulces. Digamos que nuestro típico dulce de cabellos de ángel es una factura, pero una torta ópera o una trufa no lo es.


Pero hay otro documento que esta gente se come: la minuta.


En Argentina llaman con el curioso nombre de “minuta” a una variedad de comidas que pueden encontrarse en cualquier establecimiento de comida, en cualquier parte de la ciudad. Se trata de diferentes preparaciones, así que explicaré algunas de las más comunes:


Minutas. En este caso, milanesas.



Bifé de chorizo: es una chuleta de res, muy gruesa, sin hueso y a la parrilla. En otras partes se le conoce como entrecot. En las carnicerías se pide con el mismo nombre: “bifé de chorizo”, nombre adquirido porque al tomarlo por una punta y colgarlo se parece a un chorizo. Para nosotros es el solomo de cuerito.

Empanadas: de masa de trigo y horneadas, no fritas como las nuestras. Y de harina de maíz, ni hablar. La harina precocida de maíz no existe en Argentina y sólo unos pocos venezolanos la importan en pequeñas cantidades.

Milanesas: carne de res, cerdo o pollo empanizada.

Pebete: es un sandwich hecho con un pan parecido a nuestros panecillos de coctel, pero mucho más grandes. En las panaderías a ese pan solo también se llama pebete.

Tostados:
sandwiches de pan tostado. Si lleva salsa de tomate (ketchup), lo llaman “carlitos”.



Todos estos platos pueden variar y acompañarse con papas fritas o en puré. También hacen puré de auyama (calabaza / zapallo) y ensaladas.

La minuta puede ser un bocadillo pero también un almuerzo completo. Y la verdad es que en Argentina se come muy, muy bien. Mientras proceso el azúcar iré redactando la próxima crónica. ¡Nos vemos!.



23 mayo 2017

La importancia de corregir a tiempo



Octubre de 2012. Era un momento glorioso a pesar de que Chávez estaba tratándose un cáncer. Acabábamos de ganar con amplio margen las presidenciales de 2012 y celebrábamos esa, nuestra última gran victoria. Sin embargo, siempre hay unos tipos que nos dedicamos a pensar más allá de las celebraciones y a fastidiar con los detalles.

Luigino Bracci, tuvo el tino de observar una tendencia según la cual el crecimiento de la oposición era tremendo, mientras que el del chavismo no. Él proyectó que, de no cambiar los métodos y corregir, en el 2018 la oposición lograría 850 mil votos más que el chavismo.





ACLARACIÓN NECESARIA: El texto a continuación NO CONSIDERA la acción perniciosa, diabólica en algunos casos, de los factores de oposición que inciden en la extraña ecuación de la política y la economía nacional. Intenta ser sólo un análisis de la conducta gubernamental y plantea aportes para poder resolver los aspectos más importantes de la gestión del Estado y explora sólo el histórico del Gobierno, para poder dilucidar un plan de acción.

El desgaste natural


Chávez lo vio venir, y el 20 de octubre de ese año ofreció un discurso gigante en el que planteó cómo corregir. Lo que ahora llamamos "El golpe de timón"; un importante documento que debía guiar el quehacer revolucionario en lo sucesivo. Visto con la distancia de cinco años, comprendo que Chávez estaba dejando un camino a seguir porque sabía que podría faltar antes de culminar ese mandato.

Pero por lo pronto, el punto de cruce de tendencias se ubicaba en 2018. Una de las cosas que discutíamos en foros y diversos espacios era cómo el tiempo jugaba en contra de la revolución. Si los nuevos votantes adquieren ese derecho a los 18 años, ¿Cómo explicarle los desmanes de la cuarta república a ese grupo? ¿Cómo recordaría un votante de 2018 el golpe de Estado de 2002 y el paro petrolero? Habrían sido niños de muy corta edad y no habría como hacerles recordar las penurias que el pueblo pasó a causa del capricho empresarial. Era urgente una escuela de cuadros; un proceso formativo destinado a explicar qué es la revolución y por qué la estamos haciendo.



Los jóvenes son más fáciles de reclutar porque no conocieron la Cuarta República.



El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) no atendió a ese llamado. Al parecer se sentía satisfecho con ser una maquinaria electoral sin profundidad ideológica. No veían la tendencia planteada.


No hubo que esperar tanto para ver una caída impactante, dado que la muerte del Comandante Chávez nos metió en una nueva campaña política en apenas 6 meses, y esa vez Maduro ganó, pero con un margen estrechísimo. Aún así, seguíamos arriba, vencedores, y un resultado electoral como ese permitía aplazar el momento de corregir. 

Dado que yo también soy fastidioso, escribí tras esas elecciones un documento llamado "Receta para perder 700 mil votos" en el que planteé algunos factores clave que perjudicaban al proceso bolivariano. Entre ellos destaco la presencia dentro de las filas revolucionarias de nuevos personajes (sobre todo cantantes, actores y actrices, provenientes de la farándula que históricamente fue un enemigo a vencer), a quienes se le confiaban cuotas de poder. También mencioné el mimetismo entre la oposición y el Gobierno, que apuntaba a la despolarización política, y la falta de claridad del mensaje chavista, que le hacía el juego a la oposición.

En ese texto concluía: "Siguiendo a Sun Tzu, hay que conocer bien el terreno, y nuestro campo de batalla, claro está, no puede ser la pantalla de TV. Nuestro campo de batalla está en la calle, en la gestión, en el buen servicio público y en el buen trato al ciudadano de a pie. Nuestra batalla está en la inclusión que jamás, jamás, la oposición podrá ofrecer. Habrá que cumplir la promesa de gobernar con el pueblo y en la calle, y esa es la única forma en que remontemos la cuesta". 

Al principio, el Gobierno de Calle propuesto y ejecutado por Maduro fue una estupenda forma de entrar en contacto con el pueblo. Maduro fue canciller durante 7 años y estuvo más vinculado durante todo ese tiempo a las formas de la burguesía (protocolos, comitivas) que con el pueblo llano, así que el baño de calle le hacía bien. Pero pronto se hizo patente que no tenía el carisma de Chávez (a quien aún intenta imitar), ni la energía inagotable del Comandante. Maduro no llama a sus ministros a las 3 de la mañana con cientos de ideas en la cabeza y poniéndolos a correr.

Luego vinieron las elecciones de alcaldes, en diciembre de 2013. El pueblo revolucionario había acusado el golpe anterior, de que casi perdemos, y votó ampliamente a favor del Gran Polo Patriótico (GPP). No obstante, un agorero como yo tendría algo qué decir: escribí otro texto: "Muchas alcaldías, importantes pérdidas" en el que denunciaba que los alcaldes y gobernadores electos no surgieron de las bases, sino que fueron postulados "a dedo" por la cúpula del PSUV y ello había generado división y malestar dentro del chavismo que, recordemos, no es sólo el PSUV, sino que se expresa de muchísimas otras maneras.


Allí planteaba: "Quitarle los liderazgos naturales a una revolución es jugar en su contra, aunque electoralmente hayamos vencido. Tarde o temprano esos liderazgos deberán retomar su espacio y es urgente que el GPP comience a tender puentes hacia esos sectores, a fin de incluirlos en la dinámica de gobierno local."

Lamentablemente esas elecciones fueron suficientemente exitosas como para que se olvidase por completo la idea de corregir. 



El desgaste mediático


Las instituciones siguieron en su burocracia de siempre, pero el Gobierno se creyó en capacidad de resolverlo todo sin consultar a las bases, incluso apartándolas. La práctica del Gobierno de Calle se hizo menos frecuente. Quienes veíamos las políticas gubernamentales avanzar notábamos que cada vez más, al gabinete le resultaba mucho más importante lo que aparecía en pantalla que lo que ocurría en la calle. La figura de Chávez, que siempre fue parte del paisaje, era exacerbada más allá de lo normal. Todo, todo se hacía, según decían, en nombre de Chávez y para cuidar su legado. Al parecer, al Ejecutivo le parecía suficiente con que ciertas cosas no salieran en televisión; olvidando que lo importante era que no siguiera sucediendo en la realidad.

En diciembre de 2013 y enero de 2014 trabajé con el Ministerio de Turismo (con Andrés Izarra como ministro) y como productor de eventos pude constatar de primera mano lo difícil que era convencer a los decisores de incorporar a artistas nacionales y no a grandes estrellas consagradas que cobrarían en dólares y opacarían, no por su calidad, sino por su peso promocional, a los nuestros. Finalmente logramos eventos 100% venezolanos y con  buena participación de músicos tradicionales. Pero costó mucho esfuerzo. Todo esto apoyaba mi tesis personal de que el Gobierno se mediatizaba.

En enero de 2014 un trágico evento vino a ratificar lo que algunos planteábamos. El Gobierno reaccionaba ante la acción mediática y no ante los hechos.

Más de 300 dirigentes populares y campesinos asesinados no fueron suficientes para movilizar el aparato antidelictivo, pero entonces, arrancando 2014, fue asesinada una ex Miss Venezuela. El caso de Mónica Spears fue un movilizador enorme: "Tras este asesinato, se convocó a una reunión especialísima del Consejo Federal de Gobierno (una figura que reune a todos los alcaldes, gobernadores, ministros, vicepresidente y presidente de la República), para tratar el tema de la inseguridad. A esta reunión asistió Capriles, quien en esa ocasión le dio la mano a Maduro." (Auge y caída de La Salida).

La muerte de Mónica Spear convocó a todos los sectores. 

Se configuraba una suerte de pacto: el Gobierno comenzó a parecerse enormemente a un gran Sábado Sensacional. Todo era mediático y prácticamente nada era real. En grandes eventos (conciertos, festividades) se mezclaba impúdicamente a los íconos de la revolución con los artistas de Venevisión.

Mario Silva (cuyo programa nunca me pareció bueno ni sano, pero sí necesario de vez en cuando), fue sustituido por cuatro muchachos que hacen un programa aún menos sano y rotundamete malo. Ellos no tienen ni la capacidad de análisis, ni la calidad de los informantes que tenía Silva, además de que mientras a Mario se le puede encontrar haciendo cola en los mercados, a ellos se les observa en otros abrevaderos, más costosos y ciertamente más divertidos.

Programas como En Confianza (Ernesto Villegas) o Contragolpe (Vanessa Davies) fueron sustituidos por otros de corte más suave. La revista matutina Contrastes fue despojada de su animadora Marinés Torres, quien conoce de primera mano la tradición nacional y supo defenderla en pantalla.

VTV, vacío de contenidos desde la muerte de Chávez, que con su programa dominical ofrecía agenda para toda la semana, cada vez se distanció más de las bases populares. Es impensable en la VTV de hoy un programa como La Lámpara de Diógenes, en el que la gente participaba abiertamente, sin libreto, y denunciaba las fallas o actos de corrupción. No; en la VTV de hoy todo tiene libreto, consignas y, sobre todo etiquetas.

En resumen, el Gobierno intentaba parecerse a los gustos de la "juventud", pero no para formar una juventud crítica y revertir la tendencia natural al desgaste que mencionábamos antes, sino para crear reacciones ante cualquier ataque al estamento gubernamental. El mensaje mediático es tan confuso que sirvió para apuntalar la alienación de la industria cultural reinante. La revolución no se puede hacer con golf, con ópera, ni con tennis, pero tampoco con bachata y reguetón. Todos esos son lenguajes genuinos de la élite o creados por la industria; y la industria es manejada por la élite. O sea, son dos fases del mismo monstruo. 



El animador estrella de RCTV no debió ser nunca directivo de TVes


Winston Vallenilla pasó de ser un animador, a ser el presidente de TVes, canal que se había recuperado para el uso social del pueblo. El vicepresidente del canal mandó a suavizar sus criterios políticos a la gente. Así, la antigua señal de RCTV, ahora en manos del Gobierno, se convertía de nuevo en escenario de misses y de bombas sexys. La famosa oferta de empleo a Viviana Gibelli es apenas la punta del iceberg. Así como Izarra (hoy tranquilo en Alemania, yerno del alcalde preso Antonio Ledezma) llenó a Telesur de sus ex compañeros de RCTV, buena parte de ellos furiosamente opositores, Winston hace otro tanto con sus ex compañeros. Una de las cosas más difíciles de explicar es cómo puede haber en TVes un programa de chismes. Pero estoy seguro de que si Chávez estuviera vivo, Winston sudaría mucho para explicar que ese programa lo dirija Atamaica Nazoa
, la ex Chepa Candela del diario 2001. No más preguntas, señor juez.

Como planteaba antes: "nuestro campo de batalla, claro está, no puede ser la pantalla de TV" pero el Gobierno se empeñó en construir hegemonía mediática. El problema es que nuestro gobierno no sabe manejar los medios de comunicación. Verbigracia: si usted no sabe cocinar pollo, no por tener 10 pollos va a salirle uno bueno; lo más probable es que se le quemen los diez.

Aún no hemos hablado de los medios digitales. El uso de las páginas web del Estado es casi siempre lamentable. Con contadas excepciones, las páginas de las instituciones son poco útiles al usuario. Pocas de ellas ofrecen un simple enlace para comunicarse con la institución vía correo, y si la ofrecen, nadie responde a ese correo. Una satisfacción muy personal de quien escribe fue solucionarle problemas sencillos a la gente por medio de un simple correo electrónico, cuando trabajaba en el Ministerio de Transporte y Comunicaciones, entonces en manos de Francisco Garcés. 

Además, las páginas web de las instituciones se sustituyen cada cierto tiempo, de acuerdo al criterio "medalaganístico" del presidente de la misma, quien generalmente NO es comunicador ni escucha a su equipo, arrasando con el archivo digital y borrando la memoria de las gestiones anteriores. Intente encontrar datos de la gestión del Minfra, del Mopvi, del extinto Ministerio de Telecomunicaciones, por ejemplo. No encontrará una hemeroteca o archivo porque con seguridad fue desechado cuando ese ministerio cambió de nombre, y de ministro. Lo más grave es que el mismo criterio aplica para los medios digitales.

En cambio, la propaganda está presente en todas las páginas de Gobierno, y se insiste en manejar la información con una lentitud exasperante. Por eso los usuarios prefieren acudir a las redes sociales, buscando la información en donde esté.

Cuando el presidente Chávez intentó saltarse la burocracia y creó la cuenta @chavezcandanga, recibió tal cantidad de solicitudes que colapsó, así que contrató gente para recoger las solicitudes y transmitirlas a su despacho; era una versión digital de aquella oficina que recoge las peticiones de la gente allá en Miraflores. Para acabar con la burocracia, el mismo Chávez creó otro esquema burocrático. No sé cuántas personas trabajaban en atender esa cuenta de twitter.

Como si se tratase de un mandato de la empresa del pajarito, todos los ministros y ministerios repitieron el esquema. Algunos ni siquiera sabían qué demonios era twitter, pero se lanzaron a la batalla mediática, pésimamente preparados.

Muy poca gente comprendió que al convertir las cuentas de twitter de los ministros y ministerios en vías informativas oficiales (de hecho, no de derecho)
se le había abierto la puerta a la mentira. Ahora la gente iba a buscar la información oficial en el twitter, dado que los medios de comunicación tradicional mentían. Los de acá pintaban al país como un paraíso terrenal y los de allá como el infierno con su eterno crujir de huesos.
 

El desgaste económico


Lo que el Gobierno ha dado en llamar Guerra Económica es algo mucho más complejo que eso. Es decir, la guerra económica es una realidad, pero también es apenas uno entre los varios elementos que han llevado al desastre a la economía nacional. Porque, admitámoslo, es un desastre.

Maduro anunció en enero de 2014 que no habría devaluación del Bolívar. En aquel momento el valor del dólar frente a nuestra moneda era de 6,30
. Unlar = 6,30 bolívares.


Tener acceso a dólares Dicom o Dipro es un trampolín a la riqueza.


Debido a la restricción de divisas vigente desde 2003, y que recrudece año con año, el dólar, necesario para prácticamente cualquier actividad económica en un país monoproductor (a pesar de 15 años de insistencia en salir de ese sistema), el dólar paralelo existió desde el inicio mismo de las operaciones de CADIVI, pero en algún momento la presión cambiaria se hizo suficientemente grande como para modificar sustancialmente el precio de la divisa; y como el Gobierno fuera incapaz de suplir la demanda creciente, el precio del dólar paralelo se disparó, siendo indicada de manera aleatoria por Dólar Today, una página web cuyo dueño es Orlando Urdaneta, involucrado en el golpe de 2002 y ubicado en Miami.


La respuesta a los bulos mediáticos por parte del Gobierno nacional siempre fue contrastarlos con la realidad. Por ejemplo, decían que se iba a caer un puente por el peso de las gandolas, y el Gobierno estacionaba 100 gandolas sobre él. Muerto el rumor. 

En esta ocasión el Gobierno no tiene cómo contrarrestar los precios planteados por Dólar Today, porque no ofrece dólares al mercado nacional. No importa cuántos sistemas de bandas se creen ni qué precios indique el Gobierno. El precio de un producto inexistente es inútil y las leyes de la economía se cumplen, deséelo usted o no. Si no hay oferta, la demanda hará subir el precio del producto, sea éste una naranja, un vehículo o una moneda extranjera. Resulta muy difícil explicar cómo es que ninguno de los cientos de economistas que trabajan en el Gobierno haya podido hacerlo notar.

Pero además, la credibilidad brindada por el mismo gobierno a los medios digitales contribuye a hacer de Dólar Today un indicador confiable para mucha gente. En la realidad cotidiana, es el único indicador vigente. Nadie (o casi nadie) que tenga dólares en su poder los vende por menos de lo que indica la página.

Hagamos un ejercicio. Dolar Today plantea hoy 23 de mayo de 2017, que un dólar cuesta 5800 bolívares. Si un particular X dispone de acceso a dólares Dipro, los podrá comprar a Bs 700.

Supongamos que el Sr. X compró US$ 1000 por tal vía. Ha invertido Bs 700 mil. Vediendo la mitad de esos dólares al precio de DT, obtendrá 2 millones 900 mil bolívares. Con ese dinero puede comprar 4 mil 140 dólares. Así que ahora tiene 5 mil 140 dólares. Multiplicó su inversión por 5 con una simple operación.

Supongamos que la repite. Vende 2500 dólares a precios de DT. Ahora tiene 14 millones 500 mil bolívares, con los que puede comprar la friolera de 27 mil 700 dólares más. En sólo dos operaciones pasó de tener mil dólares a acumular 30 mil y tantos. Es como ganarse la ruleta. El mecanismo descrito es la centrífuga por medio de la cual se desangra al país y es la razón por la que los venezolanos pagan cada día más por cualquier producto que requieran consumir.


Todo esto ocurre en un país
en el que muchos productos alimenticios son subsidiados por el Gobierno. Pero hay cientos de productos útiles, necesarios para la vida humana normal, que no son subsidiados. Repuestos de vehículos de motor, computadores, consumibles y en fin, tecnología que no se fabrica en el país, permiten el desarrollo normal de las actividades económicas. Cualquier traba en uno de los eslabones de la cadena económica implica la afectación de los otros

Aunque se esperaa que un sistema de distribución de alimentos y otros productos a precios regulados sea beneficioso para los más pobres, esta medida tiene un límite que tiene que ver con el diferencial entre los productos regulados y su equivalente "libre". Este diferencial es muy similar al que se estableció entre el dólar a 6,30 y el de Dolar Today.

Las arepas de yuca se pusieron de moda en el momento más duro de la crisis.

Una vez que el diferencial es suficientemente grande como para ser buen negocio comprar productos regulados y venderlos a precios "libres", o artificialmente inflados, el Gobierno y sus sistemas de control están en graves problemas. El sistema para beneficiar a la población se hace ineficiente y se convierte en fuente de corrupción.

El año pasado, ante la acuciante escasez, se aprobó la importación de alimentos por parte de empresas que lograsen encontrar dólares propios. Esta medida habría sido positiva si se hubiese acompañado de la eliminación del doble precio del dólar; pero por el contrario, propició la aparición de nuevos precios en los alimentos, que ahora conforman un indicador mucho más confiable que el de los bachaqueros o el nefasto "Petare Today". Y es que ahora los precios que ponen en los mercados son legales.
En vez de controlar el comercio de los productos regulados (tarea titánica, lo sabemos) el Gobierno decidió mirar para otro lado. Todo esto ha producido una enorme crisis en las bases de la militancia chavista, y los niveles de popularidad del Gobierno bajaron espantosamente. 


LA VIOLENCIA DESATADA:

Aprovechando la crisis, la oposición, apoyada por elementos extranjeros cuyo interés es la desaparición del Gobierno venezolano, ha planteado un sistema de lucha tremendamente violento, que lleva ya más de 40 días desde su activación el 11 de abril de 2017 y que cada vez es más difícil de neutralizar.


Freddy Guevara es uno de los activadores de la violencia callejera.

La falta de seriedad en los planteamientos gubernamentales durante los años previos a esta crisis, así como un manejo irresponsable de la economía han sido caldo de cultivo fecundo para las protestas. Retomar el camino es muy cuesta arriba ahora, porque la crisis es moral, y a ella han contribuido todos los factores políticos y económicos del país.

La responsabilidad es de comerciantes, importadores o industriales que lejos de dedicarse a producir, estafan a la nación; pero también de funcionarios que se dejaron mojar la mano, de periodistas que prefirieron ocultar la verdad a "traicionar" su causa política, convirtiéndose así en parte del mecanismo de la corrupción, tanto en el sector público como en el privado.

El problema más serio que enfrenta el país ahora es que a la violencia generada por la oposición es indetenible, porque ya no depende de su convocatoria. Al igual que el paro, las protestas "se le fueron de las manos" y, aunque ahora quieran recoger sus palabras, el agua derramada no se puede recuperar del todo.

La entropía indica que el universo tiende al caos. La oposición ha generado en estos días un caos tremendo, y el Gobierno entonces decide llamar a constituyente y modificar las reglas del juego, justo en el momento más caótico. El Gobierno se suma a la entropía.





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