12 agosto 2011

Papel de los medios en la educación infantil

Me lo encontré en el tumblr visualwonders.

04 agosto 2011

EL TEQUEÑO PODRÍA DEJAR DE SER VENEZOLANO

Dada la urgencia y gravedad que reviste este asunto, nos hemos copiado esta entrada íntegramente del blog de Sumito Estévez.
Puede leerla en este blog, o si prefiere en el de él


jueves, agosto 04, 2011


#250 EL TEQUEÑO PODRÍA DEJAR DE SER VENEZOLANO



Admiro profundamente a los pueblos que están dispuestos a cazar pelea, y a echar el resto para defender aquellos valores culturales que consideran fundamentales para construir su propia identidad. Son pueblos que poseen una consciencia que los une por encima de cualquier diferencia ideológica, y que entienden que el concepto de país está íntimamente ligado al de sus aromas de estofado, sus bailes de acto escolar o sus cantos populares.

En un plano particular, y casi siempre por razones económicas, la defensa de descriptores alcohólicos y gastronómicos suele llegar inclusive a dirimirse en tribunales internacionales. Pensará usted que quizás exagero, pero no lo pensaron así en su momento, polacos y rusos que pelean por decidir quien tendrá derecho a usar la palabra vodka. Chilenos y peruanos con la palabra pisco o italianos que blindaron a nivel mundial palabras como aceto balsamico tradizionale di Modena o Parmigiano Reggiano ¡Mucho prestigio, orgullo nacional y dinero está en juego detrás de esas palabras!

Un poco mas complejo es el manejo a la hora de establecer denominaciones de origen únicas cuando se trata de recetas, pero no imposible. Bastante han hecho sicilianos al normar la pizza, peruanos al convertir el ceviche en emblema y bandera nacional o nosotros mismos con el caso de la hallaca.

Finalmente, existen casos en los que, aunque no haya nomenclatura legal (o al menos, emanada de algún colegiado profesional), es tal la vehemencia de los pobladores de un país a la hora de exhibir un plato, que ningún otro cometería la tontería de apropiarse de él para promocionarse ¿O acaso concibe usted a un folleto mexicano diciendo que su taco es una lumpia latinoamericana o a un intelectual belga dando en un congreso una clase magistral sobre el verdadero origen de la hamburguesa? Cuando se trata de aquellos productos gastronómicos que nos representan culturalmente nuestra defensa debe ser cerrada, conservadora, ardorosa. Inclusive me atrevería a asomar: irracional.

A la hora de dar la pelea por los nombres que nos unifican alrededor de nuestra inmaterialidad, pecar de inocente es imperdonable porque siempre habrá quienes capitalicen, bien por agresividad comercial (los mexicanos estuvieron a punto de perder el nombre tequila), o bien, como veremos en el caso de nuestro tequeño, sin mala intención y hasta por razones valederas.

Coloque usted la palabra tequeño en un buscador virtual y podrá engolosinarse con orgullo, al leer que inclusive portales enciclopédicos prestigiosos como Wikipedia lo definien como “alimento típico venezolano”… coloque en ese mismo buscador tequeño peruano y prepárese para un carrusel de asombro. Si amigo lector, el tequeño existe en Perú y existe desde hace mucho tiempo. Es un plato totalmente distinto (aunque no el plano conceptual) y mas parecido a un crujiente dim sum, en donde se envuelve casi cualquier cosa (¡en forma cilíndrica!) con masa wantán y se fríe; pero lo que importa, más allá de la receta, es su nombre. Casi podría asegurar que con un poco de investigación probaríamos que el nombre nació en Venezuela y desde aquí migró.

No deseo asustarlos, pero si prender la luz roja de alarma. Existen voces en el Perú que plantean al tequeño (inclusive hablan de la técnica de tequeñear) como una posible nueva bandera de promoción. Viniendo de un país que ha demostrado con creces que sabe muy bien como popularizar e imponer nombres gastronómicos a nivel mundial, la posibilidad de que alguien afirme en un foro prestigioso como Madrid Fusión, que el tequeño es peruano, está a la vuelta de la esquina. Están en su derecho si nos quedamos quietos. Ya lo advirtió el periodista gastronómico venezolano Miro Popic en su columna de Diciembre 2010 titulada “Reflexiones sobre los tequeños y su origen” (ver http://bit.ly/p5E8GH) y a muchos nos pareció anecdótico, por decir lo más.

Sería simplemente inexplicable que los venezolanos, por inacción o falta de concepción estratégica, permitiéramos la pérdida del nombre. No exagero un ápice si afirmo que para nosotros, culturalmente los tequeños poseen el mismo peso e importancia que el curry para indios o el jamón de cerdo ibérico para españoles.

Los cocineros debemos saber hacerlos y sobre todo enseñar a hacerlos. En cada foro presentarlos como un elemento fundamental de nuestra cultura. Aprendernos (y aquí hablo de cada venezolano) como un mantra la historia de su origen. Servirlo a cada extranjero que nos visite. Pero sobre todo, debemos conminar a los organismos garantes de patrimonio de la nación para que se avoquen a convertirlo en una bandera más.

El tequeño es venezolano… pero nada está dado por sentado debajo de estos cielos.

11 julio 2011

Glosa para Facundo

Se puede hacer un diagnóstico
de lo mal que anda este mundo:
en este tránsito insólito
nos mataron a Facundo

I

En la mañana terrible
fue clavado un nuevo sable
ocurría lo impensable
ocurría lo imposible;
la maldición invisible
(si es calificable el tópico)
se llevó al poeta utópico
asesinando a Facundo
por su muerte, de este mundo
se puede hacer un diagnóstico

II

Se va Facundo Cabral
en tierra de Guatemala
con el lloran las mandalas
la carreta y el zorzal;
llora Argentina y su mar
por lo justo, por lo inmundo
de haber perdido a Facundo.
Por eso llora la vida
y tomamos la medida
de lo mal que anda este mundo

III

Nos brindaste tus canciones,
poesía irreverente
americana y valiente
para henchir los corazones
y atizar revoluciones.
Al religioso, al agnóstico
al popular, al incógnito;
¡Siempre encontrabas el modo
de entregarte para todos
en este tránsito insólito!

IV

Otra vez muerde la fiera
otra vez doblan campanas.
Las hipócritas sotanas
se lamentan para afuera;
pero ya parió la era
desde el corazón profundo
para unificar los rumbos
de Ushuaia al Río Grande,
reclamando por Los Andes
¡Nos mataron a Facundo!


Eduardo Parra Istúriz
10 de julio de 2011
durante el 2do. Palabreando, en el Celarg.

17 marzo 2011

Los tres superhéroes (soviéticos) de Chernobyl

A propósito de lo que hoy ocurre en Japón con los reactores de Fukushima, traigo a colación este texto que gentilmente han compartido conmigo.


Es una de las historias más conocidas de nuestro tiempo: el día 26 de abril de 1986, el reactor nº 4 de la central nuclear de Chernóbyl estalló durante el transcurso de una prueba de seguridad mal ejecutada, a consecuencia de 24 horas de manipulaciones insensatas y más de doscientas violaciones del Reglamento de Seguridad Nuclear de la Unión Soviética. Estas acciones condujeron al envenenamiento por xenón del núcleo, llevándolo a un embalamiento neutrónico seguido por una excursión de energía que culminó en dos grandes explosiones a las 01:24 de la madrugada.



Sobre Chernóbyl se han contado muchas mentiras. Y las han contado todos, desde las autoridades soviéticas de su tiempo hasta la industria nuclear occidental, pasando por los propagandistas de todos los signos y la colección de conspiranoicos habituales. Hay una de ellas que me molesta de modo particular, y es esa de que los liquidadores –el casi millón de personas que acudieron a encargarse del problema– eran una horda de pobres ignorantes llevados allí sin saber la clase de monstruo que tenían delante. Y me molesta porque constituye un desprecio a su heroísmo.

Y porque es radicalmente falso. Una turba ignorante no sirve para nada en un accidente tecnológico tan complejo. Los equipos de liquidadores estaban compuestos, sobre todo, por bomberos, científicos y especialistas de la industria nuclear; tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica; e ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio, debido a su amplia experiencia en la manipulación de estas sustancias. Es necio suponer que esta clase de personas ignoraban los peligros de un reactor nuclear destripado cuyos contenidos ves brillar ante tus ojos en un enorme agujero.

Los liquidadores acudieron, sabían lo que tenían ante sí, y a pesar de ello realizaron su trabajo con enorme valor y responsabilidad. Cientos, miles de ellos, de manera heroica hasta el escalofrío. Los bomberos que se turnaban entre vómitos y diarreas radiológicas para subir al mítico tejado de Chernóbyl, donde había más de 40.000 roentgens/hora, para apagar desde allí los incendios (la radiación ambiental normal son unos 20 microrroentgens/hora). Los pilotos que detenían sus helicópteros justo encima del reactor abierto y refulgente para vaciar sobre él los buckets de arena y arcilla con plomo y boro. Los técnicos y soldados que corrían a toda velocidad por las galerías devastadas cantándose a gritos las lecturas de los contadores Geiger y los cronómetros para romper paredes, restablecer conexiones y bloquear canalizaciones en turnos de cuarenta o sesenta segundos alrededor de la sala de turbinas (20.000 roentgens/hora). Los mineros e ingenieros que trabajaban en túneles subterráneos, inundándose constantemente con agua de siniestro brillo azul, para instalar las tuberías de un cambiador de calor que le robase algo de temperatura al núcleo fundido y radiante a escasos metros de distancia. Los miles de trabajadores y arquitectos que levantaban el sarcófago a su alrededor, retiraban del entorno los escombros furiosamente radioactivos y evacuaban a la población. Salvo a los soldados, sometidos a disciplina militar, a nadie se le prohibía coger el petate e irse si no quería seguir allí; casi nadie lo hizo. Es más: muchos de ellos llegaron como voluntarios desde toda la URSS, especialmente muchos estudiantes y posgraduados de las facultades de física e ingeniería nuclear. Esta fue la clase de hombres y no pocas mujeres que algunos creen o quieren creer una turba ignorante y patética. Esto fueron los liquidadores.


Les llamaban, y se llamaban a sí mismos, los bio-robots, que seguían funcionando cuando el acero cedía y las máquinas fallaban. No lo hicieron por el dinero, ni por la fama, de lo que tuvieron bien poco. Lo hicieron por responsabilidad, por humanidad y porque alguien tenía que hacer el maldito trabajo. Hoy quiero hablar de tres de ellos, que hicieron algo aún más extraordinario en un lugar donde el heroísmo era cosa corriente. Por eso, sólo se me ocurre denominarlos los tres superhéroes de Chernóbyl.

El monstruo del agua que brilla en azul.

Lo único que hay de cierto en estas suposiciones sobre la ignorancia de los liquidadores es que, en las primeras horas, no sabían que había estallado el reactor. Pero no lo sabían porque nadie lo sabía. La misma lógica errónea de los responsables de la instalación que provocó el accidente les hizo creer que había estallado el intercambiador de calor, no el reactor; y así lo informaron tanto al personal que acudía como a sus superiores. Hay una historia un tanto chusca sobre cómo los aviones que llevaban al lugar a destacados miembros de la Academia de Ciencias de la URSS se dieron la vuelta en el aire por órdenes del KGB cuando éste descubrió, a través de su equipo de protección de la central, que había explotado el reactor (además de sus atribuciones de espionaje por el que es tan conocido, el KGB "uniformado" desempeñaba en la Unión Soviética un papel muy parecido al de nuestra Guardia Civil, exceptuando tráfico pero incluyendo la seguridad de las instalaciones radiológicas).


Debido a este motivo, en un primer momento se echaron sobre el agujero millones de litros de agua y nitrógeno líquido, con el propósito de mantener frío y proteger así el reactor que creían a salvo y sellado más allá de las llamas y el denso humo negro. Esto contribuyó a empeorar las consecuencias del siniestro, pues el agua se vaporizaba instantáneamente al tocar el núcleo fundido a más de 2.000 ºC; y salía disparada hacia la estratosfera en forma de grandes nubes de vapor que el viento arrastraría en todas direcciones.

De todos modos, tenía poco arreglo: era preciso apagar los enormes incendios. Cuando el fuego quedó extinguido por fin, no sólo había pasado la contaminación al aire, sino que ahora tenían una gran cantidad de agua acumulada en las piscinas de seguridad bajo el reactor. Estas piscinas de seguridad, conocidas como piscinas de burbujas, se hallaban en dos niveles inferiores y tenían por función contener agua por si fuese preciso enfriar de emergencia el reactor. También servían para condensar vapor y reducir la presión en caso de que se rompiera alguna tubería del circuito primario (de ahí su nombre), junto a un tercer nivel que actuaba de conducción, inmediatamente debajo del reactor. Así, en caso de ruptura de alguna canalización, el vapor se vería obligado a circular por este nivel de conducción y escapar a través de una capa de agua, lo que reduciría su peligrosidad.





Ahora, después de la aniquilación, estas piscinas inferiores estaban llenas a rebosar con agua procedente de las tuberías reventadas del circuito primario y de la utilizada por los bomberos para apagar el incendio y en el vano intento de mantener frío el reactor. Y sobre ellas se encontraba el reactor abierto, fundiéndose lentamente en forma de lava de corio a 1.660 ºC. En cualquier momento podían empezar a caer grandes goterones de esta lava poderosamente radioactiva, o incluso el conjunto completo, provocando así una o varias explosiones de vapor que proyectasen a la atmósfera cientos de toneladas de este corio. Eso habría multiplicado a gran escala la contaminación provocada por el accidente, destruyendo el lugar y afectando gravemente a toda Europa. Además, la mezcla de agua y corio radioactivos escaparían y se infiltrarían al subsuelo, contaminando las aguas subterráneas y poniendo en grave peligro el suministro a la cercana ciudad de Kiev, con dos millones y medio de habitantes, en una especie de síndrome de China.

Se tomó, pues, la decisión de vaciar estas piscinas de manera controlada. En condiciones normales, esto habría sido una tarea fácil: bastaba con abrir sus esclusas mediante una sencilla orden al ordenador SKALA que gestionaba la central, y el agua fluiría con seguridad a un reservorio exterior. Pero con los sistemas de control electrónico destruidos, esto no resultaba posible. De hecho, la única manera de hacerlo ahora era actuando manualmente las válvulas. El problema es que las válvulas estaban bajo el agua, dentro de la piscina, cerca del fondo lleno de escombros altamente radioactivos que la hacían brillar tenuemente en color azul por radiación de Cherenkov. Justo debajo del reactor que se fundía, emitiendo un siniestro brillo rojizo.

Así pues, como las máquinas ya no podían, era trabajo para los bio-robots.Alguien tendría que caminar, un paso detrás del otro, hacia el reactor reventado y ardiente a lo largo de un grisáceo campo de destrucción donde la radioactividad era tan intensa que provocaba un sabor metálico en la boca, confusión en la cabeza y como agujas en la piel. Viendo cómo tus manos se broncean por segundos, como después de semanas bajo el sol. Y luego sumergirse en el agua oleaginosa y de brillo tenuemente azul, con el inestable monstruo radioactivo encima de las cabezas, para abrir las válvulas a mano: una operación difícil y peligrosa incluso en circunstancias normales.
Ese era un viaje sólo de ida.

Al parecer, la decisión sobre quién lo haría se tomó de manera muy simple; con aquella vieja frase que, a lo largo de la historia de la humanidad, siempre bastó a los héroes:

–Yo iré.

Los tres hombres que fueron.

Los dos primeros en ofrecerse voluntarios fueron Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov. Alexei Ananenko era un prestigioso tecnólogo de la industria nuclear soviética, que había participado extensivamente en el desarrollo y construcción del complejo electronuclear de Chernóbyl: cooperó en el diseño de las esclusas y sabía dónde estaban ubicadas exactamente las válvulas. Casado, tenía un hijo. Valeriy Bezpalov era uno de los ingenieros que trabajaban en la central, ocupando un puesto de responsabilidad en el departamento de explotación. Estaba también casado, con una niña y dos niños de corta edad.

Los dos eran ingenieros nucleares. Los dos comprendían más allá de toda duda que se disponían a caminar de cara hacia la muerte.

Mientras se ponían sus trajes de submarinismo sentados en un banco, observaron que necesitarían un ayudante para sujetarles la lámpara subacuática desde el borde de la piscina mientras ellos trabajaban en las profundidades. Y miraron a los ojos a los hombres que tenían alrededor. Entonces uno de ellos, un joven trabajador de la central sin familia llamado Boris Baranov, se alzó de hombros y dijo aquella otra frase que casi siempre ha seguido a la anterior:

–Yo iré con vosotros.


Era media mañana cuando los héroes Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov se tomaron un chupito de vodka para darse valor, agarraron las cajas de herramientas y echaron a andar hacia la lava radioactiva en que se había convertido el reactor número 4 del complejo electronuclear de Chernóbyl. Así, sin más.

Ante los ojos encogidos de quienes quedaron atrás, los tres camaradas caminaron los mil doscientos metros que había hasta el nivel –0,5, dicen que conversando apaciblemente entre sí.

Qué tal, cuánto tiempo sin verte, qué tal tus hijos, a ti no te conocía, chaval, yo es que no soy de por aquí. O parece que hoy vamos a trabajar un poco juntos, igual podemos acceder mejor por ahí, yo voy a la válvula de la derecha y tú a la de la izquierda, tú ilumínanos desde allá, parece que va a llover, ¿no?, E incluso está bien buena la secretaria del ingeniero Kornilov, ¿eh?, ya lo creo, menudo meneo le arrearía, pues me parece que este año el Dinamo de Moscú no gana la liga.

Esas cosas de las que hablan los bio-robots mientras ven cómo su piel se oscurece lentamente, se les va un poquito la cabeza debido a la ionización de las neuronas y la boca les sabe a uranio cada vez más, conteniendo la náusea, sacudiéndose incómodamente porque es como si un millón de duendes maléficos te estuvieran clavando agujas en la piel. Cinco mil roentgens/hora, llaman a eso.

Y bajo aquel cielo gris y los restos fulgurantes de un reactor nuclear, los héroes Alexei Ananenko y Valeriy Bezpalov se sumergieron en la piscina de burbujas del nivel –0,5, con una radioactividad tan sólida que se podía sentir, mientras su camarada Boris Baranov les sujetaba la lámpara subacuática. Ésta estaba dañada y falló poco después. Desde el exterior, ya nadie les oía ni les veía.

Pero, de pronto, las esclusas comenzaron a abrirse, y un millón de metros cúbicos de agua radioactiva escaparon en dirección al reservorio seguro preparado a tal efecto. Lo habían logrado. Alguien murmuró que los héroes Ananenko, Bezpalov y Baranov acababan de salvar a Europa. Resulta difícil determinar hasta qué punto tenía razón.

Hay versiones contradictorias sobre lo que sucedió después. La más tradicional dice que jamás regresaron, y siguen sepultados allí. La más probable asegura que llegaron a salir de la piscina y celebrar su victoria riendo y abrazándose a los mismísimos pies del monstruo, en el borde de la piscina; e incluso lograron regresar sus cuerpos, aunque no sus vidas. Murieron poco después, de síndrome radioactivo extremo, en hospitales de Kiev y Moscú. Aún otra más, que se me antoja casi imposible, sugiere que Ananenko y Bezpalov perecieron, pero el joven trabajador Baranov pudo sobrevivir y anda o anduvo un tiempo por ahí.




Esta es la historia de Alexei Ananenko, Valeriy Bezpalov y Boris Baranov, los tres superhéroes de Chernóbyl, de quienes se dice que salvaron a Europa o al menos a algún que otro millón de personas en miles de kilómetros a la redonda un frío día de abril. Fueron a la muerte conscientemente, deliberadamente, por responsabilidad y humanidad y sentido del honor, para que los demás pudiésemos vivir. Cuando alguien piense que este género humano nuestro no tiene salvación, siempre puede recordar a hombres como estos y otros cientos o miles por el estilo que también estuvieron por allí. No circulan fotos de ellos, ni han hecho superproducciones de Hollywood, y hasta sus nombres son difíciles de encontrar. Pero hoy, veinticuatro años después, yo brindo en su recuerdo, me cuadro ante su memoria y les doy mil veces las gracias. Por ir.

15 marzo 2011

Parece que sí hicimos ruido

Tras muchos años de lucha, la comunidad del Software Libre en Venezuela puede celebrar la aprobación de una ley que viene a completar el decreto 3390, que ya en el año 2004 planteaba la necesidad de usar software libre en el seno del Estado.

Ahora, la Gaceta Oficial 39.633 va más allá y establece el uso de Canaima GNU / Linux como sistema operativo en las estaciones de trabajo de la APN.

A continuación el fragmento de la gaceta:

Ministerio del Poder Popular para Ciencia, Tecnología e Industrias Intermedias

Resolución mediante la cual se establece el uso de Canaima GNU/Linux como sistema operativo de Software Libre en las estaciones de trabajo de los Órganos y Entes de la Administración Pública Nacional de la República Bolivariana de Venezuela, con el propósito de homogeneizar y fortalecer la plataforma tecnológica del Estado Venezolano.

Resolución mediante la cual se establecen los lineamientos de accesibilidad que deben ser aplicados por los Órganos y Entes de la Administración Pública Nacional en el desarrollo, implementación y puesta en producción de tos Portales de Internet.

Resolución mediante la cual se establecen los requisitos mínimos para la prestación de servicios, por parte de personas naturales, en calidad de Facilitadores Comunitarios en el área de Tecnologías de Información Libres, en tanto dicho servicio sea requerido por los Órganos y Entes de la Administración Pública Nacional.
Esperemos que con la puesta en práctica de desarrollo de estas leyes no suframos lo mismo que con el decreto 3.390, que fue ignorado olímpicamente por la mayor parte de los ministerios y entes adscritos, hasta que en 2011 es ratificado por esta nueva decisión.

14 febrero 2011

Comentarios acerca de La Hojilla y el Software Libre

En primer lugar, mi saludo y respeto al Sr. Mario Silva, a Jorge Amorín y al resto del equipo de La Hojilla. También quisiera que sepa que no soy un purista del software libre, pero sí un usuario de los sistemas basados en GNU/Linux por preferencia personal.



El contexto


Una de las premisas básicas de un revolucionario es que las plazas que abandona el enemigo deben ser rápidamente ocupadas: tomadas por las fuerzas de la revolución. Esa premisa nos permitió comprender en el año 2002 que el paro patronal y el sabotaje al que arrastraron a Petróleos de Venezuela S.A. personajes como Luis Giusti, Carlos Ortega y otros, era la oportunidad apropiada para arrancar definitivamente de esa empresa del Estado la raíz parasitaria que la consumía desde adentro.

Un grave error táctico de los dirigentes de Pdvsa en aquel momento, fue hacer que los empleados abandonaran sus puestos de trabajo, porque su ausencia permitió a nuestras fuerzas ocupar las oficinas, los centros de llenado, los bunkers y en fin, toda la estructura operativa de la petrolera; y tras mucho esfuerzo, hacerla funcionar.

Hubo que hacer que Pdvsa funcionara manualmente, abrir válvulas por medios mecánicos y para ello desmantelar los medios electrónicos de control de toda la estructura: lo que nos ocurría era que los golpistas, antes de huir, habían dejado el sistema cerrado con llave y candado, conservando para sí una ventana abierta con la que controlaban de manera remota todas las operaciones de Pdvsa; esto por medio de una empresa llamada Intesa. Creo que la mayoría de los lectores no requieren mayor explicación al respecto puesto que conocen bien la historia, gracias a un documental llamado El Rescate del Cerebro de Pdvsa.

Esa lección nos impulsó también a procurar soberanía en los sistemas informáticos que tengan que ver con la seguridad estratégica de la nación, y más adelante, tras muchas discusiones (que aún hoy se siguen dando en muchos ámbitos), el presidente Chávez firmó el decreto 3.390, que establece el mandato de usar software libre siempre que sea posible en todas las oficinas del Estado.

El esfuerzo del Estado ha sido tan grande en ese sentido, que se ha instalado una red de acceso a Internet conocida como Infocentros, ganadora de un premio de la Unesco, que funciona completamente bajo ambiente GNU/Linux; y más recientemente se ha desarrollado el sistema Canaima, que es la distribución de software libre oficial. En pocas palabras: Canaima es el Linux venezolano.


Utilidad bélica

Dos casos, aparte del de Pdvsa, que nos deben llamar la atención, son los bombardeos a Raúl Reyes y al "Mono" Jojoy. En ambos casos, su localización exacta fue revelada por dispositivos electrónicos que escapaban a su control. A Jojoy lo bombardearon tras comprar unas botas a las que le habían instalado un localizador GPS en las zuelas. A Raúl Reyes lo mató un misil "inteligente", presuntamente de fabricación israelita, que lo localizó gracias a alguna señal que emitían sus sistemas de comunicación.

Usar software cuyo contenido no conocemos es peligroso; por eso las Farc y otros grupos han aprendido a evitar comunicarse con medios bajo control extranjero.

Software libre y Venezolana de Televisión

Quienes trabajamos en medios de comunicación sabemos que el desarrollo del software libre en materia audiovisual no es el mejor, razón por la cual se siguen usando de preferencia sistemas privativos, desarrollados sobre todo en las máquinas Apple. También hay algunos sistemas independientes que en casi todos los casos son privativos y suelen ser muy útiles, aunque también muy costosos. Sin embargo, la radio Alba Ciudad funciona 100% bajo software libre y se escucha perfectamente.

Todas las operaciones de Venezolana de Televisión en las que no sea necesario usar esos sistemas, deberían estar funcionando sobre plataforma GNU/Linux, a fin de dar cumplimiento a un decreto; a una orden directa del presidente Chávez. Lo mismo deben hacer todos los demás entes del Estado. Eso por un lado.

La vertiente publicitaria

Por otro lado, a ninguno de nosotros se nos ocurre mostrar en pantalla de VTV una lata de Coca Cola, unos zapatos Nike o los famosos arcos dorados de McDonalds (todos los derechos reservados a sus respectivos propietarios), por dos razones básicamente. La primera, porque nos resultan bastante repugnantes los intereses que representan; y segundo, porque está prohibido hacer publicidad por emplazamiento en nuestra televisora, máxime si se trata de quienes financian los intereses opuestos a nuestro quehacer político.

Pues bien. Lo que ocurría en La Hojilla (hace tiempo que no vemos esa situación), uno de los programas con mayor audiencia de VTV, es que cada vez que se activaba el protector de pantalla de la laptop de su conductor, con la que se reproducen algunos videos, el logo de Microsoft Windows se dejaba ver con todo esplendor en el canal del Estado. Hacíamos publicidad gratuita a uno de los hombres más ricos del mundo, y en añadidura, en una televisora de carácter socialista.

Hay aún una vertiente tecnológica, quizá la más importante: Windows, como su nombre lo indica, está lleno de ventanas. Como se trata de un sistema cerrado, hecho por un fabricante único, nos está vedado conocer el funcionamiento interno del sistema. Es una caja negra a la que entramos con una única llave y no sabemos (debido a los controles de patentes) cuántas ventanas o puertas traseras tiene el sistema. Sabemos quién tiene la llave pero no sabemos cuándo la usa, entra a nuestro sistema y observa cuidadosamente lo que hacemos.

Instalar Windows en una computadora del Estado es equivalente, pues, a entregarle a Intesa ¡otra vez! las llaves de Pdvsa. El ministerio o institución que tenga una máquina en red, con Windows, con seguridad será espiado y sus contenidos estarán en manos de cualquier agencia del Gobierno estadounidense que así lo solicite, en atención a la Ley Patriota de ese país.

Por esa misma razón, el gobierno francés ha prohibido a sus funcionarios el uso del popular Blackberry. Sarkozy ha comprendido que si desea ser espiado por EE.UU. o por Canadá (miembro de la Commonwealth), le basta con usar un Blackberry.

¿Por qué no?

Manejando esta información, puedo enumerar las razones por las que no se debe usar Windows o ninguna otra plataforma privativa en VTV u otra institución del Estado

  1. Porque es ilegal: hay un decreto presidencial, el 3.390, que así lo establece. Además, usar una copia de Windows viola los derechos de propiedad de Microsoft que, nos guste o no, siguen siendo protegidos por la Ley de Propiedad Industrial, como puede leerse en la página web del Servicio Autónomo de la Propiedad Intelectual
  2. Porque alimenta el monopolio: si cumplimos con la ley y usamos un original, estaremos pagándole a Bill Gates por el uso de un sistema que amén de ser menos eficaz, es también fuente de ingresos para un industrial, un oligarca. Si en un ministerio hay 5 mil computadores y todos tienen una licencia (porque esa es la condición: una licencia por máquina), usted habrá pagado cerca de 1.500.000 dólares para tener su Windows legal. Si usted puede hacer algo gratis en una institución, y en cambio paga, ¿no está despilfarrando el dinero del Estado?
  3. Porque es poco ético: le permite a nuestros enemigos hacer publicidad gratuita en nuestro canal. Debemos recordar que el sonido de arranque del sistema también sirve para identificarlo y que precisamente por eso, ese sonido está patentado. Verbigracia: uno no hace sonar el tucu tucu tucutú de Belmont en la radio, porque todo el mundo sabe a qué producto corresponde ese sonido.
  4. Porque es peligroso: permite a nuestros adversarios revisar nuestros archivos, hábitos de compra, nuestras opciones de navegación, nuestros documentos más delicados, presupuestos; etc. Le permite al enemigo jurungar nuestras gavetas y revolverlo todo; cambiar datos, bloquear envíos; en resumen, sabotear la revolución.
  5. Porque hay alternativas libres: prácticamente todo lo que usted o yo necesitamos hacer en una computadora, puede hacerse en Linux, y fácilmente además; no es cierto que deba Ud. ser un genio para aprender a usar sistemas libres.
  6. Porque es políticamente opuesto al socialismo. La tecnología no siempre es inocente. Windows NO ES INOCUO. Mientras Windows está diseñado desde el mismo sistema de producción para asegurar el monopolio, alimentar el capitalismo y empobrecer aún más a las naciones subdesarrolladas, Linux es lo más parecido al socialismo que existe en el mundo de la informática: es propiedad de todos, usted puede difundirlo, usarlo y modificarlo sin pagar y sin tener que pedir permiso. Dado que el software libre se desarrolla de modo cooperativo, nadie puede crear una puerta trasera sin que los demás lo noten, y usted puede llevarlo a donde quiera sin temor a ser espiado.

Dicho esto, amigos, paso a comentar acerca de lo dicho por Mario Silva: "toda arma es útil en la lucha contra el enemigo, y si el Ché Guevara hubiese obtenido en combate una ametralladora gringa, la habría usado también".

Tiene razón, el gran revolucionario que fue el Ché la hubiera usado. Pero si esa ametralladora hubiera tenido adentro un transmisor capaz de revelarle su posición al enemigo, ese arma lo habría aniquilado. El Ché murió en 1967, cuando no existían los sistemas informáticos de hoy, ni las redes sociales, ni los misiles dirigidos por GPS. Por eso podía recoger la ametralladora sin temor.

Usar Windows SÍ es malo. Todo lo aquí dicho es aplicable a Oracle, Apple, Adobe, o cualquier otro fabricante de software privativo.

Nosotros, luchadores de nueva cuña, debemos cuidarnos y evitar que el enemigo nos localice, evitar que conozca nuestras costumbres, nuestros hábitos. Y usted, camarada, maneja más información que la mayor parte de los lectores, así que debe uno de los primeros en proponer, difundir y usar el Software Libre en la Venezuela Bolivariana. ¡Lo invito a incorporarse a nuestra lucha!
 
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