21 agosto 2007

Anatomía con humor

Vane, mi querida cheqa, envió este correo y lo comparto con ustedes...

Anatomía con humor

Las partes más famosas del cuerpo humano han sido:

El Talón de Aquiles, la nariz de Cleopatra, las piernas de la Mistinguette, la palma de Mallorca, el pie de Atleta, la mano de bleque, el ojo del amo, la cara de piedra, el pelo de zonzo, las bolas de fraile, el pliegue de David, el Colon "irritable", la Garganta del Diablo, el ojo de la tormenta, la nuez de Adán y el culo del mundo.

César Bruto, experto en el tema, explicaba que el abdomen es la parte situada entre el tórax y la pelvis, de gran utilidad para guardar un montón de órganos que no podrían estar en otro sitio.

De la parte de afuera, lo más interesante que tiene el abdomen es el ombligo, que lleva siempre una persona alrededor. Eso sin despreciar los ya mencionados tórax y la simpática pelvis, sobre todo cuando la vemos en determinados cuerpos femeninos. Hemos avanzado mucho en esta materia y dentro de poco estaremos en condiciones de obtener la estructura genética de una buena persona. Todavía no se sabe seguro cuando ocurrirá, pero será sin duda antes que hayamos definido qué es una buena persona. No sólo la ingeniería genética ha progresado. También los trasplantes, aunque los especialistas aun no han sido capaces de hacer de tripas corazón.

Los cardíacos no son gente de buen corazón y éste es un órgano que cuando suena, para a toda la orquesta.
Observemos que el corazón trabaja mientras la vesícula se la pasa haciendo cálculos. Pero no se preocupen por el corazón, les va a durar toda la vida... Sabemos que el hombre que tiene corazón de oro, músculos de acero, voluntad de hierro y pies de plomo, puede especializarse en mineralogía, y al de cabeza de chorlito, cara de perro, vista de lince y estómago de avestruz, le va a resultar conveniente dedicarse a la zoología.

No es fácil saber mucho sobre medicina, más aun considerando la cantidad de órganos que hay, pero nos consta que el que pierde el ojo derecho tiene la mirada siniestra, que los especialistas en enfermedades nerviosas no tienen pacientes, que los dermatólogos van derecho al grano y que si el cerebro fuera tan simple para comprenderlo, nosotros
seríamos tan simples que no los podríamos comprender.

Sin embargo, los no iniciados en el arte de Hipócrates, algo han avanzado. No ignoramos que una hemiplejia es grave según del lado que se la mire y que el lugar más seguro para encontrar una mano que nos ayude, es en el extremo de uno de nuestros brazos.

Siempre nos quedan algunas dudas, por ejemplo: ¿Cómo harán los médicos chinos para diagnosticar la ictericia? ¿Cómo se presenta la palidez en los enfermos africanos?
En los últimos tiempos hemos aprendido varias cosas: Las várices son venas que se quieren hacer ver, que la vejez es mejor que estar muerto y que la definición de enfermo terminal puede provenir de terminar mal.

Además un descubrimiento trascendente: todo aquello que el médico no consigue curar se llama virus, que viene a ser el hijo del matrimonio formado por un microbio y la nada.
En definitiva la vida es dura y no dura. Viene a ser una sucesión de agujeros.
El último con tapa.

14 agosto 2007

Postal de La Habana

Desde el balcón que daba al malecón
veía cada mañana
los peces de La Habana
bailando con la historia un guaguancó

Joaquín Sabina


Sí, pasó un mes y seguramente pierdo a 15 de los 25 lectores habituales por andar tardándome tanto. Han pasado tantas cosas desde la última entrega que cuesta trabajo explicar.

Sin duda lo más relevante es el ansiado viaje a Cuba, que finalmente se dió.


Entre el 29 de julio y el 6 de agosto nos dimos el permiso de soñar, y asistimos al XI Encuentro de la Tropa Cósmica. Más de 80 locos enamorados de la música mágica de Silvio Rodríguez nos bebimos todo el ron, dejamos sorda a La Habana con nuestros alaridos en el Parque Lennon, dejamos al mundo sin amor, de tanto darnos abrazos, y nos regalamos el más preciado tesoro: la experiencia de la amistad, la de esos amigos que viajamos en la punta del amor.
La Habana es una ciudad en donde el tiempo se congela, dice Samuel Águila, y debe ser lo único que se congela, porque la humedad de las aguas del Atlántico y la temperatura de la isla no permiten ni siquiera el uso de jeans, so pena de acabar emparamado. En sus calles rectas, su cuadrícula casi perfecta, su Vedado, su Barrio Chino, su Malecón, su Morro, ahí dejé parte del corazón... se quedó repartido entre tantos troperos, cubanos o no, que ahora saben de mi sangre, de que no vendo ni rajo mi pasión... en La Habana hay, sí, dificultades, desigualdades a pesar de todo; pero mucha cultura, música a granel, pinturas, fotógrafos, y ningún niño abandonado en la calle; ningún indigente, ningún "¡manos arriba o disparo!".

La Habana ha marcado mi existencia y seguramente, a pesar de la rapidez con la que uno debe incorporarse a la labor diaria a la velocidad del periodismo y el agite caraqueño; se me queda pegado un "asere", un "qué bolá", entre las costillas, un poquitico a la izquierda del esternón.
La capital cubana es, desde la perspectiva de un caraqueño común, un gran museo habitado y al aire libre, en donde una foto espera en cada esquina y el mar te desafía entre flujo y reflujo golpeando incesante el bellísimo malecón. Un pueblo grande, una mini ciudad con 2 millones y tantos habitantes, con ritmo lento, con paz de saberse quieta en su sitio, amando esa lengua salada que la besa sin tregua.

Caracas se me presenta ahora tan urbana, tan grande, tan inhumana y sin embargo tan amada... mi tierra, mi patria chica con su montaña y sus 25 centígrados, con sus 6 millones de almas pisando fuerte, sobre y bajo tierra, creando y creyendo en el futuro.


En mi Caracas, la vida, mi arepa, mi pabellón, un pueblo haciendo revolución, recién empezando a creer. En La Habana los ideales, Fidel y, hasta siempre, el Ché.
 
Eduardo Parra Istúriz | Diseñado por Techtrends | © 2007-2008 Derechos reservados