31 enero 2009

¿Objetos o personas?

Pobre del tonto que se cree astuto
porque ha logrado acumular objetos
pobre mortal, qué desalmado y bruto
perdió el amor y se perdió el respeto

(Silvio Rodríguez)




Hace años, empezando en la carrera de comunicador (gracias UCV), cuando devoraba Ética para Amador, de Fernando Savater, y por eso creía que estudiaba filosofía, me enteré de que a los humanos se les trata como humanos y a las cosas como cosas. A los objetos se les usa y con la gente uno se relaciona. Invertir la ecuación es enfermo.

Bueno, yo lo sabía desde antes, instintivamente, digamos; pero verlo escrito era muy esclarecedor entonces. Por esos días también vi un extraordinario largometraje: Ciudadano Kane. Poco a poco iba entendiendo que había gente que no quiere a la gente, sino a los objetos, y está dispuesta a todo con tal de acumular cosas.

Y digo esto porque el apego a los objetos nos hace actuar irreflexivamente, impide pensar con claridad y antepone el capricho frente a nuestras normas.

Ayer unos tipos entraron a la mayor sinagoga que hay en Caracas (no sé si hay más), y causaron destrozos, profanando un espacio que es sagrado para quienes profesan la religión judía. Pintas con referencia a Satanás, declaraciones de antisemintismo y la ruptura del cofre de la Torah destacan. Los malhechores se llevaron también las cintas de video de seguridad.

Bueno, esto dio pie a que voces notables dentro de la comunidad hebrea en Caracas planteen que "Chávez ha contribuido a crear un clima de rechazo hacia el pueblo judío".

Aunque los vándalos no dejaron prueba de su filiación política, se señala que son gente del chavismo. Se señala al presidente mismo, se señala, se señala, se señala... supongamos que los autores sí fuesen del chavismo... claro, sería un chavismo bruto e irreflexivo que no mide las consecuencias de sus acciones. Pero ¿y si es la oposición que aprovecha para joder en tiempo electoral?

Regreso a Savater, a Kane, y a la dicotomía gente - cosas, y descubro que una sinagoga puede ser un precio muy bajo por los más de mil 400 palestinos muertos a manos de Israel en un mes. Pero claro, en esa situación, los índices, anulares, meñiques y pulgares se esconden muy bien, porque señalar no es conveniente. El dedo medio se yergue, sí.

Los señaladores de oficio enmudecieron frente a la masacre, y se escandalizan ante la pérdida de objetos.
El gobierno de Israel destruyó el 70% de las estructuras físicas de Gaza. También asesinó a más de 1400 personas. Y luego, ecuación perfecta: señalan a un tercero como culpable por enrarecer el clima. Interesante.






28 enero 2009

Bolivia SÍ, Venezuela SÍ

Hace 500 años, en la costa de un continente desconocido para los europeos, el indígena americano conoció lo que se convertiría en su maldición: el poder de un imperio capaz de acabar con sus casas, sus costumbres, sus formas de vida. La espada y la cruz se aliaron para difundir espanto, muerte, enfermedades, una lengua nueva, y lo más importante: la fe en el paraíso. ¿Paraíso para qué, si allí vivíamos antes de que ustedes llegaran?

El paraíso de nuestra tierra fue salvajemente despojado de nuestras manos, convertido en campo de batalla y cementerio de los nuestros. Luego vino una generación de hombres y mujeres invencibles que, encabezados por Bolívar, Sucre, O’Higgins, San Martín y Artigas, dieron nueva luz y esperanza a la patria grande y nueva, Latinoamérica.

En independencia, y a pesar de la larguísima vista de sus libertadores, en los pueblos de Suramérica el indígena siguió al margen, apartado ahora por el prejuicio, la desconfianza, el desprecio de quienes seguían envenenados de esclavismo e ínfulas de superioridad. Qué lejos lucían entonces los sueños de esos hombres enormes que hicieron la guerra por la libertad.

Llegó el nuevo imperio, hijo predilecto de Inglaterra, y el indígena siguió oprimido, recordando en sus historias ancestrales la promesa de un tiempo nuevo; el resurgimiento del hijo del Sol, la promesa libre del caribe indómito, del araucano, del charrúa.

El sueño se hace a mano y sin permiso, dice el poeta, y vino el Che, con su cargamento revolucionario, pero el imperio dijo NO, y acabó con el sueño, con la vida y hasta con el cadáver de Ernesto. Ahí quedó, en El Yuro, sembrado en su valentía, por años y años. ¡Bolivia, como dolías en 1967! Y tú Chile, como doliste en el 11 de septiembre. El nuestro, el de 1973, cuando el sueño rescatado por Salvador veía crecer sus frutos imberbes. Entonces nuevamente el imperio dijo NO, y Allende entregó su sangre bajo el bombardeo de Kissinger y Pinochet.

Pero hoy el indígena regresó… bajó de El Alto, de Oruro, de Cochabamba, de Chuquisaca, de Orinoca, a decirle que SI a Evo Morales, y con ese SI, vino a reivindicar el sueño largamente acariciado, el que dijo Martí, el que brilló con Fidel, el mismo sueño que costó tanta vida; el de los tupamaros en Montevideo.

A ese sueño, Bolivia le acaba de decir que SI. SÍ a la Nueva Constitución del Estado Boliviano. SÍ a la esperanza encarnada en su líder máximo, el cocalero. Ganó el SÍ en Bolivia, con 64% de los votos.

Con ese mismo canto, con esa misma fuerza, bajarán de los cerros, de los campos, de las plantas industriales, los indígenas, los obreros, los trabajadores, el 15 de febrero a decir que SI, a enmendar la constitución de Venezuela, para que el sueño de Bolívar no vuelva a morir con Sucre, con Bolívar, y con Urdaneta, como hace 200 años.

Hoy, estos pueblos de Bolívar y Sucre, encarnación de Tupac Catari y Guaicaipuro, seguirán diciendo que SÍ a la Libertad del pueblo indómito y guerrero de América del Sur.

27 enero 2009

Y para variar, se le echa la culpa a otro...

16 enero 2009

Alá es grande y eterno

Alá es grande y es eterno

Eduardo Parra Istúriz



Maktub

Estaba escrito: (maktub, se dice en árabe), que el pueblo judío regresara a las tierras que ocupó hace dos milenios, a orillas del Jordán y frente al Mediterráneo. Durante muchísimo tiempo, judíos y árabes vivieron en paz en ese territorio. Luego vino la persecución del pueblo hebreo y la consiguiente desbandada.

Los hebreos se reunieron de nuevo en distintos lugares de Europa: Holanda, Bélgica y Polonia despuntan como espacios predilectos para ese pueblo. Pero llegó Hitler, sus campos de extermino; Auschwitz, o el menos conocido Terezin, y la matanza.

Las heridas son sin duda profundas, desgarradas; los daños impagables, incalculables. El Holocausto inolvidable. Inolvidable para toda la humanidad excepto para los gobernantes de Israel, que ahora, 60 años más tarde, son capaces de exterminar con la mayor saña al pueblo palestino.

Alá creador

Para los musulmanes, Alá es el único dios creador, dador de vida y muerte, y cada uno de los fieles es simplemente un átomo de la inmensa estructura divina. De modo que mientras haya un musulmán, un perro, un camello, un oasis, un grano de arena, una gota de agua, Alá seguirá existiendo. Alá es grande, y es eterno. Tan eterno como su pueblo.

El gallo palestino

Quienes vemos con regularidad el programa Dossier de Walter Martínez, hemos aprendido que mientras acá son las 10 de la noche, 11 de la noche, en Gaza está cerca del amanecer, y entre el ruido de las bombas y los aviones espía, los gallos cantan. Los gallos, obra de Alá, que es grande y es eterno, lanzan su denuncia diaria, su recordatorio de que hay un nuevo día, que esta mañana serán menos los palestinos con vida.



El gallo palestino se levanta y sobrevive -ignorado como objetivo militar-, y sus ojos atónitos no entienden la masacre; no entienden las esquirlas de las bombas DEMI, o el pegajoso e inextinguible fósforo blanco. No entienden que la ONU haya sido blanco militar, que la ONU haya demandado un alto al fuego, y que Israel haya hecho caso omiso, al mejor estilo de Bush en Irak.

Los muertos se cuentan ya por centenares, y el 45% de ellos son mujeres y niños. Se supone, según Israel, que se está haciendo una guerra quirúrgica, que reduce al mínimo eso que ahora llaman daños colaterales.

Pero el gallo, obra perfecta de Alá, seguirá con su clarín en Palestina, anunciandole una nueva mañana, ojalá que de paz, al aguerrido pueblo de Arafat.
 
Eduardo Parra Istúriz | Diseñado por Techtrends | © 2007-2008 Derechos reservados