16 enero 2009

Alá es grande y eterno

Alá es grande y es eterno

Eduardo Parra Istúriz



Maktub

Estaba escrito: (maktub, se dice en árabe), que el pueblo judío regresara a las tierras que ocupó hace dos milenios, a orillas del Jordán y frente al Mediterráneo. Durante muchísimo tiempo, judíos y árabes vivieron en paz en ese territorio. Luego vino la persecución del pueblo hebreo y la consiguiente desbandada.

Los hebreos se reunieron de nuevo en distintos lugares de Europa: Holanda, Bélgica y Polonia despuntan como espacios predilectos para ese pueblo. Pero llegó Hitler, sus campos de extermino; Auschwitz, o el menos conocido Terezin, y la matanza.

Las heridas son sin duda profundas, desgarradas; los daños impagables, incalculables. El Holocausto inolvidable. Inolvidable para toda la humanidad excepto para los gobernantes de Israel, que ahora, 60 años más tarde, son capaces de exterminar con la mayor saña al pueblo palestino.

Alá creador

Para los musulmanes, Alá es el único dios creador, dador de vida y muerte, y cada uno de los fieles es simplemente un átomo de la inmensa estructura divina. De modo que mientras haya un musulmán, un perro, un camello, un oasis, un grano de arena, una gota de agua, Alá seguirá existiendo. Alá es grande, y es eterno. Tan eterno como su pueblo.

El gallo palestino

Quienes vemos con regularidad el programa Dossier de Walter Martínez, hemos aprendido que mientras acá son las 10 de la noche, 11 de la noche, en Gaza está cerca del amanecer, y entre el ruido de las bombas y los aviones espía, los gallos cantan. Los gallos, obra de Alá, que es grande y es eterno, lanzan su denuncia diaria, su recordatorio de que hay un nuevo día, que esta mañana serán menos los palestinos con vida.



El gallo palestino se levanta y sobrevive -ignorado como objetivo militar-, y sus ojos atónitos no entienden la masacre; no entienden las esquirlas de las bombas DEMI, o el pegajoso e inextinguible fósforo blanco. No entienden que la ONU haya sido blanco militar, que la ONU haya demandado un alto al fuego, y que Israel haya hecho caso omiso, al mejor estilo de Bush en Irak.

Los muertos se cuentan ya por centenares, y el 45% de ellos son mujeres y niños. Se supone, según Israel, que se está haciendo una guerra quirúrgica, que reduce al mínimo eso que ahora llaman daños colaterales.

Pero el gallo, obra perfecta de Alá, seguirá con su clarín en Palestina, anunciandole una nueva mañana, ojalá que de paz, al aguerrido pueblo de Arafat.

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