19 febrero 2008

Junto a Fidel

Por Enrique Ubieta Gómez

Es probable que en la oscuridad de esta madrugada, los ladrones de siempre acechen, conspiren, deliren. Mañana, cuando nuestros hijos se preparen para ir a la escuela, los medios de prensa habrán difundido la noticia miles de veces.
Durante meses construyeron la expectativa de un suceso previsible, para aferrarse a la pírrica victoria de una noticia. No podían vencer a un pueblo que confundían con un hombre, a un hombre que era, es, tan grande como su pueblo. No podían aceptar la verdadera noticia: que el Comandante invencible había delegado sus cargos por enfermedad hacía ya más de un año y la Revolución continuaba, invencible.
Los medios construirán nuevas especulaciones, transformarán sus delirios nocturnos en vaticinios y acabarán como siempre ante otro fiasco. Prefiero dejar a un lado toda esa basura mediática y asumir la trascendencia del hecho como cubano: hoy Fidel anuncia que la salud le impide continuar en sus funciones de jefe de estado y de comandante en jefe –un instante sin dudas solemne en la historia colectiva e individual de todos los cubanos--, y agrega que nunca abandonará la lucha. Cabe repetir las palabras del Che, su discípulo y compañero: “hay lazos que no se pueden romper como los nombramientos”. La autoridad moral de Fidel no emana de cargo alguno. Su “título” de Comandante en jefe es indelegable, aunque otros –con suficientes méritos y condiciones--, ejerzan esa función. Es un título más noble que cualquier título nobiliario, más democrático que cualquier cargo por elección, porque lo otorgó el pueblo y lo refrendó la Historia.
Fidel no se retira. Los revolucionarios, él lo ha dicho, nunca se retiran.
Nosotros, sus hijos, pelearemos con él hasta la victoria siempre. En lo más hondo de nuestra intimidad seguimos apelando a sus consejos, a su ejemplo.
Amanece, nuestros hijos se despiden y marchan a la escuela. Es un día más de Revolución.

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