16 septiembre 2012

CUBACRÓNICA: Lo que voy asimilando...


Tuve el privilegio de ser el primer tropero no cubano en llegar a La Habana, porque me quería coger la ciudad para mí y llegué desde el jueves 30. Apenas sentí el extrañado clima húmedo de la ciudad me sentí de nuevo en casa.

Es impresionante cómo las ciudades se van haciendo tuyas en la medida en que las recorres y conoces. A veces olvidas una puerta, la dirección de la panadería aquella... pero el aroma de la ciudad sigue allí, y ya no es nuevo; ahora evoca rostros, recuerdos, abrazos, manos, miradas, y a mí me escarba la ansiedad, porque apenas estoy llegando y debo esperar a mañana para encontrarme con alguno de esos rostros largamente amados y extrañados. Pero para consolarme pedí una Bucanero y su sabor me devolvió un poco de las tardes y noches de 2007.

A dormir... mañana será otro día.

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 Estamos a 31... primero me voy al Hotel Nacional a enviar los correos que preparé en la noche anterior... y cuando salgo de ahí me tiro a la calle a caminar, la vuelta de reconocimiento me revela en menos de media hora que La Habana ha cambiado, y mucho. Los cambios que favorecen la aparición de comercios de cuentapropistas hacen que la ciudad sea un poco menos ortodoxa y mientras en 2007 tardé 5 días en encontrar una venta de verduras, esta vez consigo al poco rato a un señor que vende yogurt en su casa. Sigo caminando con la intención de gastar esas ansias de volver a ver las calles del Vedado, tocar el piso del parque Lennon, y al rato me veo obligado a comprar un pomo de agua. Ciego Montero me acompaña de ahí en lo sucesivo, en la mano izquierda. Llego paso a paso hasta la Coppelia, en 23 y L. Constato que han desaparecido los "camellos" y que éstos han sido sustituidos por una flota de guaguas grandes, con un fuelle en medio, en el que la gente se apretuja exactamente igual que en el Metro de Caracas, sólo que es transporte superficial. Curiosamente las guaguas llevan el familiar nombre de Metro Bus.


 
Cansado de la brega, después de más de 7 horas vagando la calle, regreso al hotel para asearme un poco... y me encuentro en el lobby a Vani, Pablo, Fernando (Yeyo) y a una señorita que luego averiguaría se llama Arelis y que es la novia de Yeyo. Una de las chicas más dulces de la tropa cubana, aunque en cuanto a dulzura está competida la cosa. Por supuesto, a partir de ahí ya no era Eduardo en La Habana, sino unos troperos reabrazados, y como ya se me había pegado el acento, entramos a un restaurant - bar en moneda nacional. Allí nos tomamos unos mojitos, unos jugos... qué se yo... ESTABA EN LA HABANA... y por tanto, este negocio tenía que terminar en el archiconocido Malecón. Ahí armamos la rumba venecubana, con cuatro, capachos y voces binacionales... a las 11 se decreta la retirada porque los compañeros cubanos tienen gran cantidad de cosas por hacer, y cada quien a su cubil...




(Continuará)...

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