04 septiembre 2008

Sin talismán

En la tremenda obra fílmica de Eliseo Zubiela "El lado oscuro del corazón", Oliverio, el protagonista, le dice a la muerte, que lo perseguía incesante:
"A veces una herida te recuerda que estás vivo. Es ésto el amor, mi estúpida muerte, es ésto. ¿Cómo explicartelo? Pobrecita. Si entendieras esto, estarías viva."



Hoy me salvé -otra vez- de la muerte. Ella se trae un tejemaneje conmigo y busca asustarme, hacerme sentir que anda allí, que me ronda, que me conoce los paso, como un espía. Habíamos planificado ir a la playa desde la semana pasada. Se suponía que iríamos el lunes pero se complicó el día, hubo apagón, lluvia y menos mal que no fuimos a ninguna parte. Ese día ocurrió esto:



que es una forma de muerte, y que es muuuy común para quienes tenemos Windows. Sólo que yo también tengo, en el otro sector del disco, Ubuntu, de modo que siempre tengo un plan "B" y aquí me tienen escribiendo desde mi PC.

Pero era de la otra muerte de la que quería hablarles. Habiendo suspendido el viaje el lunes, este miércoles lucía bueno para que Camurí nos recibiera. Siempre bajamos en los autobuses que salen de Gato Negro, pero ahora como estamos tan cerca del Nuevo Circo, nos quedamos en el terminal y bajamos en una de las catraminas que salen de allí.

Al viaducto nuevo, no había tenido oportunidad de verlo de cerquita; caminar por él mucho menos. Cuando entramos al viaducto, adelantamos una gandola, y apenas entramos nuevamente a nuestro canal, se produce un ruido infernal que proviene de alguna parte del mecanismo del autobús. Terroríficamente, el vehículo se dirigió hacia el borde del puente, y la caída en ese lugar era como de 30 metros. Martha y yo, muy asustados, nos paramos y tratamos de hacer peso hacia la izquierda (como siempre jeje) para que el transporte no volcara, cayendo al vacío.

En menos de 10 segundos ya el animal se había detenido y nosotros estábamos con vida. El problema no era de dirección, sino que el cardán se había caído, lo que producía el ruido, y como el conductor ya sabía lo que sucedía (le había pasado antes, y el desgraciado aún anda con el autobús), se había orillado al hombrillo, mientras frenaba; o sea, el carro no iba descontroladamente al borde, como los otros 54 ocupantes creíamos.

Nos montamos en el primer bus que bajaba y pasamos una tarde divina, con pescado frito, tostones, cerveza y agua salada. Estamos vivos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

despues dicen que dios no existe,que solo la fuerza de la mente el dios interno y cuanto bla,bla se dice uno a diario para creer que somos auto suficientes, te amo que dios te bendiga y te acompañe como hasta el momento lo ha hecho.

Anónimo dijo...

felicidades a el pronto sr.urbina todo el exito en tu matrimonio y como es mi costumbre que dios los bendiga, porque las bendiciones de las MADRES son poderosas. P.D.mi contra seña no quiere entrar por eso lo mande anonimo.

 
Eduardo Parra Istúriz | Diseñado por Techtrends | © 2007-2008 Derechos reservados