Crónicas Argentinas – La oficina comestible



Al país de Piazzola, de Evita y de Gardel, se le puede llamar República Argentina, Confederación Argentina, e incluso como Provincias Unidas del Río de la Plata, de acuerdo a la preferencia del referente, dado que los tres nombres son oficiales.

La palabra “argentina”, proviene del latin argentum. Por eso el símbolo de la plata en la tabla periódica es Ar. Argentina significa “plateada, de plata”, y por eso se llamó así a la república surgida de las Provincias Unidas del Río de la Plata...

Pero en Venezuela, la palabra “Argentina” se asocia a otras dos palabras, según el contexto.


Argentina es oficialmente católica, tiene a D10S, a un semidios, y al Papa



Aparece con frecuencia ese nombre junto a “selección”, obviamente cuando se habla de fútbol. Algo así como el 5% de los venezolanos es hincha de la albiceleste, desde los tiempos de Diego “D10S” Maradona, Caniggia y otras estrellas internacionales.

A veces, cuando se habla de baloncesto, se acompaña de fuertes improperios, porque la pandilla de Uranga y Melanesio (aún no aparecía Ginóbili) era una verdadera pesadilla para la selección nacional de baloncesto, incluso en los tiempos de los famosos Héroes de Portland (Carl Herrera, Gabiel Estaba, Kako Solórzano, Sam Sheppard, Alex Nelcha, Luis Jiménez, Rostin González, Víctor David Díaz, Iván Olivares, Melquiades Jaramillo) que ganaron plata en el preolímpico del 92 y sólo fueron derrotados por el Dream Team, con Jordan, Magic Johnson y Larry Bird.
Ese año Argentina no figuró y los brasileños comandados por Oscar Schmidt recibieron las preseas de bronce con cara de asesino serial. Schmidt, rabioso a más no poder, se la quitó apenas se la colgaron.




Los Héroes de Portland.



Pero nos fuimos lejos por las ramas. La otra materia en que aparece frecuentemente el nombre austral es la gastronómica. Lo que en Argentina se conoce como “asado”, en nuestro país se conoce, con mucha lógica, como “parrilla argentina”, que es uno de los platos más solicitados en las churrasquerías y restaurantes de carnes.



Comelones convictos y confesos


A Natasha y a mí nos gusta comer. Mucho, mucho. Nos gusta comer frecuentemente, en buena cantidad y de preferencia, conocer nuevos sabores, explorar la gastronomía dentro de nuestros propios límites de seguridad, que en mi caso son bastante amplios.

Pero nuestra cultura general que, modestia aparte, tampoco es mala, no nos había preparado para un país que, literalmente, se come sus insumos de oficina. ¡Facturas y minutas! ¿Dónde se ha visto eso?

Veamos: un venezolano normalmente procura desayunar con arepas o empanadas (sabores salados), café y quizás un jugo de frutas. Otra opción es un sandwich, con relleno a gusto del comensal. Es muy raro que en el desayuno aparezcan elementos dulces como la mermelada, tan común en el famoso “desayuno americano”.


Medialunas de manteca

En Argentina todo tiene dulce. El desayuno, como no, no podía ser la excepción. Los argentinos adoran desayunar con panecillos o preparaciones de hojaldre que a primera vista parecen un cachito (croissant) pero que son visiblemente más pequeños, suelen ser de unos 10 cm, a diferencia del croissant que es notablemente mayor. Esta delicia se llama “medialuna” y puede ser “de manteca” (dulces) o “de grasa” (saladas). No se puede negar que son honestos con el contenido calórico de las medialunas.


Pero ya los venezolanos, y seguramente buena parte de los caribeños, habrán adivinado que son una putada esos nombres para distinguir lo dulce de lo salado. Entre otras cosas porque para nosotros grasa y manteca son, en general, la misma cosa. En fin, lo cierto es que, para nuestro paladar, ¡tanto las medialunas de grasa como las de manteca son dulces!

Medialunas de grasa







Una medialuna de grasa tiene un sabor similar al de nuestros cachitos o croissants, mientras que las de mantecas son más dulces. Todas son estupendas para mojar en el café. El café es otra de esas cosas que tiene azúcar. No es que te sirven el café con azúcar cuando lo pides en un local; es que el café molido, para colar en casa, viene con 10% de azúcar. Nos costó un poco pero ya localizamos dos marcas de café que vienen sin azúcar añadida.


Burocracia para el paladar: facturas y minutas



Las medialunas forman parte de una gran familia de preparaciones que en Venezuela conocemos como “dulces de panadería”, y a la que acá llaman “facturas”. Las facturas son de masa, a veces de hojaldre, e incluyen variedad de cremas y frutas, o chocolate, o de dulce de leche que es de los mejores del mundo (aquí las vacas dan para todo). Es muy gracioso para nosotros ver los anaqueles llenos de dulce de leche (que se unta al pan en el desayuno), ocupando un lugar similar al del Cheez Wheez o la Rikesa en nuestros mercados.


Facturas surtidas


Allá por 2010, Glenda, la médico cubana, advertía que los venezolanos tenemos muchos problemas de riñones, porque comemos mucha harina de maíz y queso, queso en cantidades industriales, lo cual redunda en altas porciones de sal. Al probar los quesos argentinos hemos comprobado que son menos salados que los nuestros. Lo más parecido a nuestros quesos paisa o palmito es el “queso cremoso”, que en realidad se parece más a un mozzarela, pero untable.

Masas finas.


Volviendo a la dulcería, hay que decir que al principio nos moríamos de risa porque con nuestra imaginación, que funciona como la de Walt Disney, nos hacía pensar en comernos una libreta con obligaciones de pago cada vez que nos hablaban de comer facturas. Claro, en este caso factura se refiere al factum; a lo hecho, o sea que una factura en realidad es una hechura. En fin; cosas de los argentinos.





Es importante ser cuidadosos con un detalle. No todos los dulces que se encuentran en las panaderías venezolanas entran en la categoría argentina de “facturas”. Para los argentinos hay un grupo de dulces que se conocen como “masas finas” y que se distinguen porque no llevan la base de masa que caracteriza a los otros dulces. Digamos que nuestro típico dulce de cabellos de ángel es una factura, pero una torta ópera o una trufa no lo es.


Pero hay otro documento que esta gente se come: la minuta.


En Argentina llaman con el curioso nombre de “minuta” a una variedad de comidas que pueden encontrarse en cualquier establecimiento de comida, en cualquier parte de la ciudad. Se trata de diferentes preparaciones, así que explicaré algunas de las más comunes:


Minutas. En este caso, milanesas.



Bifé de chorizo: es una chuleta de res, muy gruesa, sin hueso y a la parrilla. En otras partes se le conoce como entrecot. En las carnicerías se pide con el mismo nombre: “bifé de chorizo”, nombre adquirido porque al tomarlo por una punta y colgarlo se parece a un chorizo. Para nosotros es el solomo de cuerito.

Empanadas: de masa de trigo y horneadas, no fritas como las nuestras. Y de harina de maíz, ni hablar. La harina precocida de maíz no existe en Argentina y sólo unos pocos venezolanos la importan en pequeñas cantidades.

Milanesas: carne de res, cerdo o pollo empanizada.

Pebete: es un sandwich hecho con un pan parecido a nuestros panecillos de coctel, pero mucho más grandes. En las panaderías a ese pan solo también se llama pebete.

Tostados:
sandwiches de pan tostado. Si lleva salsa de tomate (ketchup), lo llaman “carlitos”.



Todos estos platos pueden variar y acompañarse con papas fritas o en puré. También hacen puré de auyama (calabaza / zapallo) y ensaladas.

La minuta puede ser un bocadillo pero también un almuerzo completo. Y la verdad es que en Argentina se come muy, muy bien. Mientras proceso el azúcar iré redactando la próxima crónica. ¡Nos vemos!.



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